Petro y Cepeda con su Moby-Dick
martes, 9 de junio de 2026
Diego Gómez
Gustavo Petro y Iván Cepeda, en su obsesión con Álvaro Uribe, no vieron que se estaban hundiendo con él y que una nueva derecha, más allá del uribismo, se estaba consolidando con un único propósito: acabar con el gobierno del Pacto Histórico y meter en la cárcel a todos los que delinquieron.
Herman Melville publicó Moby-Dick en 1851, una novela que narra la obsesiva búsqueda del capitán Ahab de una enorme ballena blanca que le arrancó una pierna en un viaje anterior. Ahab comanda el ballenero Pequod y arrastra a su tripulación hacia la criatura, impulsado por un odio visceral, en un enfrentamiento catastrófico en el que la ballena destruye el barco y muere casi toda la tripulación. La alusión ya la había utilizado Rodrigo Botero en su artículo del 25 de abril de 2024 para advertir algo que ya le pasó a Petro, y era que se iba a hundir con su obsesión por destruir el sistema de salud.
La izquierda vive de odios y resentimientos, de inventar mentiras o construir cifras como la de 6.404 falsos positivos, y querer recargarlas diciendo ahora que son 7.387 al ampliar el período de revisión. Debe enfrentar la realidad de que solo se han identificado por la JEP 1.934 casos con nombre y caso establecido; dato que publicó ante un requerimiento legal. Vive también de esquivar desastres sociales como los de Cuba y Venezuela, o de querer ignorar los megaprocesos de corrupción de Nicolás Maduro, José Luis Rodríguez Zapatero, Álex Saab, o la misma campaña y gobierno de Petro. Los odios y los resentimientos no parecen dar para reclutar más de 41%, donde parecen anclados. Los análisis de desplazamiento de intención de voto de quienes participaron en la jornada del 31 de mayo y refrendados por la encuesta de Atlas Intel del 2 de junio le dan a De la Espriella entre 1,5 y 2,1 millones de votos a favor. Por eso Petro dice que se necesitan 3 millones de nuevos votantes para Cepeda. Es ingenuo pensar que se movilice siquiera 10% más del censo electoral y que este lo haga todo a favor de Cepeda, cuando estos nuevos votantes son testigos de la corrupción, del desastre de la salud, de los ataques a la democracia y a las instituciones, del pésimo gobierno que hemos tenido. A los que les puede más el odio que la ética y la razón ya están todos con Petro y Cepeda. Y en esta agenda de odios, luego de que se condenó a Uribe en primera instancia, apareció, con cierta improvisación, el nombre de Cepeda como candidato. Ese odio los encegueció tanto que no vieron que el mundo se les estaba viniendo encima con una reacción radical que los sindica y les anuncia cárcel y extradición. Ahora están presos del pánico porque se convirtió en eslogan de campaña “El Pacto va para la cárcel”. Paloma, sin buscarlo, hizo el trabajo sucio y Uribe fue, sin quererlo, el señuelo detrás del cual el Pacto terminó perdiendo su camino, centrado en que era suficiente tener el mismo mensaje útil de antiuribismo de hace cuatro años, cuando este se redujo a solo 7% de los votos en estas elecciones. Cepeda se hizo candidato por la condena a Uribe y esto condenó a la izquierda.