Analistas

Por eso perdimos

Diego Gómez

Eso dijeron integrantes del Pacto Histórico, congresistas y concejales, luego de que la revista Semana publicara, el pasado domingo 26 de julio, evidencias de presuntos actos de corrupción relacionados con Juliana Guerrero.

Manifiesto total desacuerdo. Ocurrió exactamente lo contrario: mediante el manejo corrupto del Estado estuvieron a punto de apropiarse de la democracia y destruir el país. El análisis es el siguiente. Los votantes de Cepeda, en particular, y del petrismo, en general, podrían dividirse en tres grupos.

El primero es el de “Los Irreductibles”. Están con Petro y con el Pacto Histórico con todo y contra todo. No les importa que sea un mal gobernante, que su gobierno esté involucrado en graves escándalos de corrupción o que el sistema de salud haya sido aniquilado, incluso cuando sus propias familias hayan sido víctimas de esa destrucción. Este grupo representaría, al menos, 24%, el nivel más bajo en la encuesta de Invamer.

El segundo grupo es el de “Los Beneficiados”. A partir de ese piso registrado en la encuesta, y a pesar de que aumentaban el desgobierno, la corrupción y la inseguridad, la percepción favorable fue creciendo progresivamente hasta alcanzar 34,4% en noviembre de 2025. Este grupo estaría conformado por quienes recibieron las dádivas: los beneficiarios del enorme gasto gubernamental, de los contratos amañados con comunidades, de los contratos de prestación de servicios, de la corrupción generalizada y de los privilegios concedidos en el marco de la denominada Paz Total. Sin embargo, el salto de “Los Beneficiados” hasta alcanzar 41% en la primera vuelta se produjo con el irresponsable aumento del salario mínimo, que tuvo un arrollador efecto político. Fue resultado, eso sí, de una forma de corrupción consistente en abusar de la ley con fines políticos.

El grupo más inquietante es el que permitió que se alcanzara 49% y que la votación quedara prácticamente igualada. Una parte de esos votos provino de grupos ideológicamente afines. Sin embargo, fue otro sector el que explicó que hubiéramos estado al borde de que el Pacto Histórico continuara en el gobierno: el grupo de “Los Arreglados”.

¿Cómo se produjeron esos arreglos? En un artículo anterior se había señalado que, al analizar detalladamente las cifras electorales, se observó que, de los 2.356.134 votos adicionales registrados entre la primera y la segunda vuelta, 1.658.272 fueron para Iván Cepeda. De esos nuevos votos, 650.561 provinieron de lugares con presencia de grupos criminales y 573.079, de territorios donde se practica la compra de votos.

Todo esto pone en evidencia la vulnerabilidad de la democracia. El ascenso del fascismo y la consolidación de las autocracias modernas en Rusia, Venezuela, Nicaragua, Turquía, Hungría y otros siguieron una agenda semejante: utilizaron las instituciones para debilitar los controles que debían limitarlas y recurrieron a la corrupción, la compra de votos y el uso partidista de subsidios, contratos y empleos públicos.

En este gobierno, la corrupción no fue la excepción, sino una práctica sistemática. El proyecto criminal de captura del Estado se evidenció desde los denominados “Petrovideos”, la financiación de la campaña y los pactos de La Picota. La Paz Total, la toma del sistema de salud y la instrumentalización del medio ambiente hicieron parte de una estrategia orientada a capturar el Estado y la democracia.

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