Reforma laboral para candidatos cobardes
lunes, 30 de marzo de 2026
Diego Gómez
Si en algo requerimos una transformación profunda es en nuestro régimen laboral. Tener 56% de informalidad, mientras las economías desarrolladas tienen menos de 5%, evidencia que esta es la falla más profunda de nuestra institucionalidad. Seis de cada diez trabajadores se levantan a trabajar todos los días sin una ley que los proteja en salud, pensiones y derechos laborales. Creímos que los decretos crean riqueza y seguridad laboral, y terminamos generando todo lo contrario: sociedades altamente inequitativas y sin protección social. Una profunda trampa de subdesarrollo y una enorme falla institucional. Eso hay que cambiarlo, y el desafío va más allá de la cobardía adaptativa de las campañas electorales.
La revisión sobre la reforma laboral que Colombia podría requerir se realizó mediante un análisis comparativo con regímenes laborales efectivos en términos de formalización y productividad. La comparación evidencia que el mercado laboral colombiano enfrenta una tensión entre protección y flexibilidad: una alta protección del empleo formal, con costos laborales adicionales elevados, y un mercado de trabajo informal masivo que deja desprotegida a la mayor parte de la población.
En la comparación internacional, Estados Unidos tiene costos obligatorios mucho menores y Países Bajos, aunque protege al trabajador, combina esa protección con reglas más previsibles y una estructura productiva de mayor productividad. Argentina, incluso antes de su reforma reciente, mostraba cargas más bajas que Colombia. Una reforma laboral razonable para Colombia no es una simple desregulación, pero tampoco la continuación de un modelo que deja por fuera a una parte amplia de la fuerza laboral.
El análisis indica que se requieren tres frentes. El primero sería una reducción selectiva de los costos no salariales para la contratación formal, sobre todo en trabajadores de menor ingreso, jóvenes y pequeñas empresas. El segundo frente sería una simplificación del régimen de jornada y recargos. La comparación muestra que Colombia tiene una regulación más detallada y costosa que la de otros países en horas extra, horarios nocturnos y trabajo en domingos y festivos. El tercer frente sería conectar la reforma laboral con la productividad. Una reforma aislada tendría efectos limitados si no se articula con formación para el trabajo, certificación de habilidades, apoyo a pymes y mecanismos de transición.
Los objetivos centrales son construir formalidad, reducir barreras de contratación, conservar un núcleo de protección laboral y vincular el trabajo con una estrategia de desarrollo productivo. No se requiere afectar los derechos de los actuales trabajadores formales. Lo que se puede hacer es implementar un modelo adicional de contratación por horas o períodos, con un pago acordado que se realice en “Cuentas Bancarias de Salario”, asociadas a un contrato laboral marco general aceptado por las partes.
Esta alternativa, que recoge las indicaciones del análisis comparativo anterior y está basada en recursos tecnológicos avanzados, genera un nuevo marco de trabajo remunerado, pagado en cuentas desde las cuales se realicen directamente los aportes a pensiones y salud, así como el registro de ingresos familiares (anterior Sisben). Esto permitirá aumentar la cantidad de trabajadores que logran entrar y permanecer en ese nuevo marco de formalidad, generará protección legal, bancarizará a la población, reducirá los mercados ilegales y el desangre social del gota a gota. Estamos en una condición económica de bajos niveles de desempleo histórico y de competencia por los buenos trabajadores, lo que permite una implementación socialmente amable.