Y si con su voto se va la luz
viernes, 15 de mayo de 2026
Diego Gómez
El riesgo de racionamiento eléctrico en Colombia es una alerta que ya no puede tratarse como coyuntural. El sistema eléctrico colombiano tiene un problema estructural: no se está ampliando la capacidad de generación de energía al ritmo que requiere el país. No se invierte porque no hay reglas claras ni un gobierno confiable. A esto se suma el problema coyuntural de un eventual evento de El Niño. El manejo equivocado del sistema por este gobierno ha llevado a esta crisis y, con su voto por un gobierno que continúe esta política, “nos quedaremos sin luz”.
Las declaraciones recientes de presidentes de gremios y directivos del sector eléctrico colombiano sugieren que el riesgo de racionamiento dejó de ser un escenario remoto. Acolgen ha insistido en que la demanda crece más rápido que la capacidad instalada y que el país enfrenta déficits de energía firme: 1,6% en 2025 y una proyección de 3,5% en 2027, según cifras atribuidas a XM. La preocupación no se limita al volumen total de energía, sino a la disponibilidad de energía firme, es decir, aquella que puede respaldar el sistema cuando caen los aportes hídricos o cuando las renovables variables no están generando. Andeg señala que, además de El Niño, se tiene una crisis financiera que limita la capacidad de respuesta del parque térmico, especialmente por las deudas acumuladas en el sector.
La primera causa, El Niño, agrava esta vulnerabilidad porque Colombia conserva una alta dependencia de la hidroelectricidad. XM reportó que el sistema inició en abril de 2026 con embalses en 63,25% y advirtió que ciertos escenarios climáticos podrían llevar la operación a niveles no observados previamente. Además, análisis climáticos recientes señalan una probabilidad elevada de consolidación del fenómeno durante el segundo semestre de 2026, con impactos sobre lluvias en regiones donde se concentra buena parte de la población y la actividad económica nacional (El País, 2026).
La segunda causa es el respaldo térmico. En teoría, las plantas térmicas deberían compensar la menor generación hidráulica. Sin embargo, esa respuesta depende del abastecimiento de gas, combustibles líquidos y carbón, además de la caja de las empresas. Se ha señalado que las térmicas podrían requerir mayores importaciones de gas natural licuado desde agosto, lo que elevaría costos y presionaría la operación.
La tercera causa es financiera y regulatoria. Andesco y otros gremios estimaron presiones por $9,2 billones asociadas al no pago de subsidios, la opción tarifaria, deudas oficiales y la crisis de Air-e. Este deterioro no produce racionamiento por sí solo, pero reduce liquidez para comprar combustibles, contratar energía y sostener inversiones.
La cuarta causa es el atraso de nuevos proyectos. Las empresas han advertido que la expansión no avanza al ritmo necesario; incluso con renovables, el sistema requiere redes, almacenamiento, respaldo y señales de inversión.
En síntesis, tendremos racionamiento coyuntural y déficit estructural si no corregimos. Dependerá de cuatro variables: intensidad y duración de El Niño, nivel de embalses antes de agosto, disponibilidad real de generación térmica y capacidad institucional para resolver pagos, reglas e inversiones. El riesgo no proviene de una sola falla, sino de la convergencia entre el clima y el mal gobierno: oferta insuficiente, combustibles limitados y fragilidad financiera.