Atributos contemporáneos de la educación superior
miércoles, 5 de noviembre de 2025
Diego Hernández Losada
Los modelos pedagógicos y las tecnologías emergentes se han convertido en potentes catalizadores del conocimiento disciplinar, ampliando las formas de aprender y producir conocimiento. Actualmente, es indispensable comprender los principios del diseño instruccional y desenvolverse con fluidez en los artefactos digitales que median la alfabetización en sus diversas expresiones. El término “alfabetización” en singular se asocia a la capacidad de leer y escribir; sin embargo, es necesario ampliar este concepto para incluir las nuevas dimensiones del aprendizaje contemporáneo.
Ya en 1996, el New London Group anticipó que la globalización y la diversidad cultural transformarían los modos de comunicación. Su propuesta de una pedagogía de la multialfabetización buscaba integrar múltiples formas de representación -lingüísticas, visuales, auditivas, espaciales, gestuales y digitales- para responder a los entornos comunicativos emergentes. Esa visión fue precursora de lo que hoy denominamos multimodalidad, un sello distintivo de la educación mediada por tecnología.
En el contexto actual de transformación digital, surge un segundo atributo esencial: la ubicuidad educativa. Tener la posibilidad de aprender en cualquier lugar, momento y a través de diversas modalidades tecnológicas redefine los límites del aula tradicional. Como señalan Cope y Kalantzis (2015), esta condición configura entornos más abiertos, distribuidos y personalizados, que potencian el aprendizaje de las nuevas generaciones, en espacios altamente digitales, inmersivos y convergentes entre lo físico y lo virtual.
De esta manera, la flexibilidad, el tercer atributo fundamental de los sistemas educativos contemporáneos, se convierte en indispensable. No se trata solo de adaptar contenidos a plataformas digitales, sino de reconfigurar las ecologías de aprendizaje para atender contextos diversos, ritmos individuales y promover multialfabetizaciones que permitan a estudiantes y docentes navegar con sentido y agencia en un entorno global y cambiante.
En el caso colombiano, estas transformaciones, además de deseables, son urgentes y no se limitan a los procesos de aprendizaje, sino que deberían extenderse a la investigación e innovación. Las persistentes desigualdades territoriales y las limitaciones históricas de acceso a la educación superior evidencian la necesidad de superar el modelo centralizado de formación y producción del conocimiento. Las problemáticas estructurales de muchas regiones no se resolverán incentivando la migración del talento hacia las capitales, sino mediante la descentralización del conocimiento y la creación de ecosistemas digitales de aprendizaje en los lugares donde las personas viven y enfrentan sus desafíos cotidianos.
Un ejemplo inspirador de esta visión es Digicampus, programa que desde el Valle del Cauca ha comenzado a escribir una nueva historia en la educación superior colombiana. Combina multialfabetización, ubicuidad y flexibilidad para llevar oportunidades reales de aprendizaje a territorios históricamente excluidos. Su propósito es formar y transformar, usando el conocimiento como motor de desarrollo y progreso en los territorios.
En un país que busca cerrar brechas, la responsabilidad no recae solo en las universidades. Se necesitan políticas públicas, inversión estatal y alianzas con el sector productivo que garanticen conectividad, equidad tecnológica y formación docente en ambientes digitales de calidad. La educación contemporánea debe ser un derecho con presencia digital y capacidad real de transformar los territorios.