Analistas 19/08/2026

Capacidades humanas y profesionales como agencia para el bien público

Diego Hernández Losada
Rector de la UAO

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Nos embargan el dolor y una profunda tristeza por los colombianos que perdieron la vida como consecuencia del terremoto de magnitud 7.4 con epicentro en el municipio de San José del Palmar (Chocó), catalogado por el Servicio Geológico Colombiano como uno de los sismos más fuertes registrados en el país. Acompañamos desde la Universidad Autónoma de Occidente (Uao) con solidaridad y afecto a sus familias en estos momentos tan difíciles, al tiempo que lamentamos las pérdidas materiales y la incertidumbre que aún viven quienes buscan a sus seres queridos.

Ante este evento, ocasionado por la fuerza de la naturaleza, Colombia está demostrando nuevamente su capacidad humana y profesional como agencia para el bien público. La coordinación entre el gobierno nacional, los gobiernos regionales y locales, sumada al compromiso de múltiples instituciones y a la ayuda humanitaria internacional recibida, ha resultado primordial para atender la emergencia. Todo ello pone de manifiesto una de las mayores fortalezas de Colombia: su extraordinaria capacidad de resiliencia, sustentada tanto en la solidaridad de su gente como en una institucionalidad que, nuevamente puesta a prueba, ha respondido con oportunidad, eficacia, responsabilidad y sentido del bien público.

En este contexto, el sistema de educación nacional también tiene una responsabilidad inmensa. Muchas instituciones deberán recuperar su infraestructura, restablecer sus actividades y acompañar a comunidades profundamente afectadas. Pero, al mismo tiempo, debemos, sin descanso, continuar con la tarea misional de formar las “capacidades humanas y profesionales como agencia para el bien público” (Walker, M., 2012). La solidaridad no sustituye la falta de profesionales formados y dispuestos a trabajar donde más se necesitan. Por ello, debemos formar profesionales cuyas capacidades operen como agencia para el bien público, no solo para el mercado. Ingenieros que diseñen infraestructura sismorresistente para zonas urbanas y rurales; personal de salud dispuesto a ejercer fuera de las grandes ciudades; arquitectos y urbanistas que reconstruyan con criterio de riesgo y sostenibilidad; psicólogos que acompañen el duelo de comunidades enteras; abogados, humanistas y artistas que ayuden a preservar la memoria y recomponer el tejido social; gestores y economistas capaces de organizar recursos, instituciones y respuestas en medio de la incertidumbre.

Este evento pone a prueba los modelos de educación virtual e híbrida en el sistema de educación superior, que demostraron su efectividad durante la pandemia. Sin embargo, en esta ocasión nos enfrentamos a hechos sobrevinientes que, aunque previsibles en términos generales, resultan difíciles de anticipar en su magnitud y consecuencias. Por supuesto, lo más doloroso continúa siendo la pérdida de vidas humanas; pero a ello se suman cuantiosas pérdidas materiales, la destrucción de viviendas y graves afectaciones a servicios esenciales, entre ellos los sistemas de acueducto, la conectividad, la infraestructura vial y los sistemas de transporte.

El adecuado funcionamiento de un ecosistema educativo digital exige comprender que no basta con garantizar la infraestructura física y tecnológica de los campus universitarios. Es igualmente indispensable considerar las condiciones de los hogares y municipios desde los cuales nuestros estudiantes acceden a los procesos de aprendizaje, especialmente para quienes se encuentran matriculados en las modalidades flexibles, virtuales o híbridas.

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