Entre el 21 y el 25 de septiembre participé en el Foro Mundial de Educación en Ingeniería (Weef) y en la Conferencia del Consejo Global de Decanos de Ingeniería (Gedc), ambos considerados conjuntamente como el encuentro más importante a escala mundial de líderes vinculados a la educación en ingeniería. Este escenario reunió a directivos universitarios, profesores, estudiantes, representantes de la industria y de las entidades responsables de la formulación de políticas públicas, así como a invitados internacionales. La organización del evento estuvo a cargo de la Asociación Colombiana de Facultades de Ingeniería (Acofi). Felicitaciones a Acofi por la extraordinaria organización de un evento de esta magnitud.
El eje central de la conferencia “educación en ingeniería que transforma” exigía examinar el papel de la inteligencia artificial en los procesos educativos. Una de las conclusiones que, en mi opinión, se desprenden de las distintas presentaciones es que esta tecnología se ha convertido en una herramienta fundamental para el desarrollo y la transformación de la educación superior. En consecuencia, las facultades de ingeniería no solo deberán incorporarla en la actualización de sus currículos, sino también utilizarla para diseñar experiencias de aprendizaje personalizadas, situadas y adaptativas, capaces de estimular el aprendizaje y contribuir a un mejor desempeño de los estudiantes.
No obstante, la incorporación de la inteligencia artificial no puede reducirse a la mera adopción instrumental de nuevas tecnologías. Su verdadero potencial transformador dependerá de su articulación con pedagogías activas, en las que los estudiantes asuman un papel protagónico y desarrollen autonomía, pensamiento crítico y capacidad para resolver problemas complejos. Al mismo tiempo, resulta indispensable establecer mecanismos de gobernanza adecuados que garanticen el uso responsable, transparente y ético de esta tecnología.
La segunda conclusión que, en mi opinión, puede extraerse de las deliberaciones de esta conferencia es que es fundamental reconocer que los modelos educativos rígidos, centrados en la transmisión de conocimientos, ya no responden a las expectativas de las nuevas generaciones. Los estudiantes de hoy aspiran a participar activamente en su formación y a construir trayectorias de aprendizaje flexibles. De ahí que la flexibilidad y la capacidad de agencia de los estudiantes deban convertirse en atributos esenciales de la educación superior contemporánea.
En el marco de esta conferencia, fui invitado a presentar dos experiencias de transformación educativa en las que he participado: la primera, el proceso de internacionalización que implementamos en la Facultad de Ingeniería de la Universidad Nacional de Colombia, y la segunda, el programa DigiCampus de la Gobernación del Valle del Cauca. Aunque surgieron en contextos distintos, ambas iniciativas comparten un propósito: ampliar las oportunidades educativas y generar las condiciones para que más estudiantes desarrollen sus capacidades mediante experiencias de formación flexibles, pertinentes, innovadoras, mediadas por la tecnología y de alta calidad.
En conclusión, las reflexiones derivadas del Weef y del Gedc confirman que transformar la educación en ingeniería exige mucho más que actualizar contenidos o incorporar tecnologías. Supone repensar los currículos, las pedagogías, las formas de evaluación, las relaciones entre profesores y estudiantes y el compromiso de las instituciones con sus territorios. La inteligencia artificial, la flexibilidad curricular, la formación integral, la internacionalización y la ampliación del acceso no deben asumirse como iniciativas aisladas, sino como dimensiones complementarias de un nuevo paradigma educativo.