Analistas

En la era digital, sumar en lugar de fragmentar capacidades

Diego Hernández Losada

La política pública en educación superior no puede seguir atrapada en la falsa dicotomía entre lo público y lo privado. Colombia ha construido, durante décadas, un sistema mixto que ha demostrado ser un instrumento eficaz para aumentar la cobertura de calidad. El modelo debe fortalecerse, en lugar de fragmentarse, para responder con éxito a los grandes desafíos que enfrenta el país en educación superior y para cerrar brechas de equidad que requieren una mayor atención.

Aunque hemos mejorado la cobertura en educación superior en la población de 17 a 21 años, alcanzando 57,53% en 2024, las cifras de equidad continúan siendo un desafío. Los países miembros de la Ocde registran un coeficiente de Gini que ha oscilado históricamente entre 0,31 y 0,32. En contraste, Colombia pasó de 0,509 en 2017 a 0,544 en 2024, un retroceso de 3,5 puntos que amplió, en lugar de reducir, la brecha frente al referente internacional. Ante esta realidad, y en plena era digital, la educación superior debe convertirse en una palanca estratégica, no opcional, para revertir esta tendencia.

Para lograrlo, es necesario impulsar la transformación digital del sistema, promoviendo que tanto los recursos digitales como las actividades de aprendizaje y las estrategias pedagógicas reflexivas, orientadas a ampliar la capacidad de agencia para el aprendizaje de los estudiantes, estén disponibles en plataformas basadas en la nube, con acceso ininterrumpido. De este modo, cada joven podrá ejercer su agencia sobre el propio proceso de aprendizaje y tomar decisiones de manera autónoma respecto a la modalidad, la titulación o las certificaciones apilables que mejor se ajusten a sus intereses, capacidades y contextos particulares, ya sea en entornos sincrónicos o asincrónicos, presenciales o virtuales, con acompañamiento permanente -remoto o presencial-, sin restricciones de horario y con créditos académicos flexibles. Esto no constituye una aspiración para el futuro; es una exigencia legítima de la juventud en el presente.

La inteligencia artificial ofrece herramientas sin precedentes para adaptar el proceso pedagógico a las particularidades de cada estudiante. Mediante la creación de agentes de aprendizaje personalizados, es posible diseñar trayectorias de aprendizaje flexibles y adaptativas que respondan a las necesidades, ritmos y prioridades individuales.

Colombia no necesita reinventar lo ya construido y probado en otros contextos. Las alianzas con universidades extranjeras de vanguardia en transformación digital educativa representan una vía eficiente para acelerar este camino. En este recorrido, ellas han acumulado experiencia, metodologías consolidadas y aprendizajes que pueden transferirse y adaptarse a nuestro contexto, con resultados de alto impacto. Lo que ha faltado es un impulso decidido desde el nivel nacional, articulado con los gobiernos regionales, el sector privado y las propias universidades, que permita impulsar la transformación digital en la educación superior que tanto reclama la juventud.

Termino con un ejemplo reciente de una alianza con una institución a la vanguardia en la transformación digital. Firmamos en la Universidad Autónoma de Occidente un convenio para formar a nuestros profesores en la Universidad de Illinois en Urbana-Champaign, en el diseño de currículos mediados por la inteligencia artificial. Empezaremos este verano de 2026 con 10 profesores.

TEMAS


Inteligencia artificial - Universidades