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La orientación que el nuevo gobierno anunció para su ejercicio -gobernar desde las regiones y para las regiones- implica una cercanía a las realidades locales que permite comprenderlas con mayor precisión y, en consecuencia, diseñar respuestas más pertinentes para quienes las viven. En el campo educativo y de las ciencias del aprendizaje, a esto se le denomina conocimiento y aprendizaje situados: la idea de que el conocimiento relevante para la acción no se produce en abstracto, sino en el contexto específico en el que se aplica.
Entre las iniciativas que el presidente ha anunciado está la conformación de un comité de sabios ad honorem, encabezado por el empresario Arturo Calle, con el propósito de “analizar los grandes desafíos coyunturales, estratégicos y estructurales de la nación”. La iniciativa se inscribe en una tradición que ya cuenta con antecedentes: la Misión de Ciencia, Educación y Desarrollo, convocada por César Gaviria [1990-1994], y la Misión Internacional de Sabios, impulsada por Iván Duque [2018-2022].
Vale la pena, sin embargo, detenerse en las diferencias sustanciales entre esta propuesta y sus antecesoras, porque no se trata de una simple repetición del ejercicio. La primera diferencia es su naturaleza: se propone un comité, no una misión. La elección del término no es menor. Mientras que las misiones anteriores tuvieron un mandato acotado en el tiempo -recorrer el país, consultar a actores y entregar, al cabo de un plazo definido, una hoja de ruta con recomendaciones de política pública-, entiendo esta propuesta como un espacio de análisis de los desafíos contemporáneos que enfrentará el gobierno entrante.
Se trata, en otras palabras, de una instancia de análisis continuo y de acompañamiento a la gestión, más que de un ejercicio prospectivo con fecha de cierre.
El anuncio original no ofrece mayor detalle sobre su composición, por lo que es una oportunidad para proponer cómo debería ser. Mi propuesta, basada en mi participación en la Misión Internacional de Sabios en 2019, es que el comité de sabios no sea uno solo, de alcance nacional, sino una red de comités regionales, constituidos en las zonas del país que se definan para tal propósito, con expertos oriundos de cada lugar. Una primera tarea de estos comités debería ser “analizar los grandes desafíos coyunturales, estratégicos y estructurales de la región”, editando las palabras originales del señor presidente.
La región concentra un sistema de educación superior mixto excepcional
Por ejemplo, un comité de sabios para el Pacífico colombiano -ad honorem- [Valle, Cauca, Nariño y Chocó] dimensiona el tipo de agenda regional que este esquema permitiría abordar. La región concentra un sistema de educación superior mixto excepcional, junto con un potencial de desarrollo, apoyado en un tejido empresarial capaz de movilizar recursos de gestión para el progreso y la generación de riqueza. De manera simultánea, enfrenta problemas de violencia y narcotráfico, así como desafíos profundos en infraestructura, educación, biodiversidad, bioeconomía y pobreza en el litoral.
Un comité con anclaje local y reglas claras de gobernanza -integrado por actores empresariales, académicos y sociales de la propia región- estaría en mejores condiciones para identificar prioridades y construir soluciones ajustadas a su realidad.