Nativos de la inteligencia artificial
lunes, 22 de junio de 2026
Diego Hernández Losada
En un reciente artículo publicado por la Aacsb (Association to Advance Collegiate Schools of Business), la profesora Nerissa Brown, del Gies College of Business de la Universidad de Illinois, señaló que la inteligencia artificial (IA) dejó de ser una novedad para convertirse en el entorno en el que se desarrolla la actividad profesional contemporánea.
Ya no es una herramienta que los profesionales usan ocasionalmente, sino que se está convirtiendo en el ecosistema en el que transcurre el trabajo. Esto es un llamado de alerta para las universidades, pues no basta con enseñar a usar la IA; se deben formar personas capaces de pensar, decidir y liderar entornos mediados por ella.
Esto da lugar a una nueva categoría generacional: los “nativos de la inteligencia artificial”, quienes, a diferencia de los llamados “nativos digitales”, han crecido no solo con las herramientas, sino que también han desarrollado las capacidades para enfrentar un mundo laboral que se mueve en entornos altamente digitales, con la incorporación, en todas sus prácticas, de estas tecnologías emergentes.
El llamado para la academia es, entonces, formar profesionales con la capacidad de desempeñarse eficazmente en un mundo en el que la tecnología juega un papel determinante en el desarrollo de la industria y de los negocios, pero donde el ser humano siga siendo el eje, por su liderazgo, capacidad de trabajo en equipo, pensamiento crítico, sensibilidad social y conciencia de las consecuencias de este progreso tecnológico en el acontecer diario de nuestras sociedades.
El gran desafío al que nos enfrentamos como universidad es que los cambios en los entornos laborales siempre van por delante de la capacidad del sistema educativo para adaptar los modelos pedagógicos e incorporar ese progreso en los currículos. Eso se debe, en primer lugar, a la inercia natural de las instituciones, pero también a una causa regulatoria.
En Colombia, modificar sustancialmente un plan de estudios implica procesos de registro calificado que pueden ser dispendiosos. Las exigencias documentales fueron diseñadas para un mundo análogo, repetitivo y menos desafiante. Hoy, esa regulación frena involuntariamente la pertinencia de la formación universitaria. La solución es modernizarla.
El sistema de aseguramiento de la calidad debería contemplar mecanismos ágiles para la actualización curricular en áreas de transformación tecnológica acelerada: rutas abreviadas de aprobación, marcos de competencias flexibles que permitan incorporar nuevos contenidos sin rediseñar el programa completo y esquemas de evaluación digital que reemplacen los extensos ciclos de acreditación presencial.
Formar nativos de la inteligencia artificial no es una aspiración futurista: es una obligación presente. Pero hacerlo bien requiere algo más que actualizar contenidos o comprar licencias de software. Exige repensar qué significa ser profesional en un mundo donde la IA es el entorno, no el instrumento, y demanda que el sistema que regula la educación superior en
Colombia sea capaz de moverse al ritmo de esa transformación, flexibilizando el sistema para que pueda incorporar rápidamente el progreso tecnológico. Este obliga a actualizar los currículos para mantenerlos vigentes y cercanos a las crecientes necesidades de la sociedad.