Analistas 13/01/2026

Reflexiones para lograr transformaciones en la educación superior en 2026

Diego Hernández Losada
Rector de la UAO

La educación superior en Colombia tiene la oportunidad de dar un vuelco a las prácticas pedagógicas que ya no responden a la complejidad, la velocidad y la incertidumbre del mundo contemporáneo. Persistir, por ejemplo, en una pedagogía didáctica focalizada en la enseñanza ya no es lo aconsejable. En la actual era digital, las transformaciones deben conducir a un modelo pedagógico reflexivo centrado en el aprendizaje. Aquí presentaré cuatro estrategias para lograr dichas transformaciones en la educación superior en 2026, algunas de las cuales ya vienen siendo implementadas en universidades de nuestro país, a través de la actualización de los planes de estudio, incorporando de forma estructural actividades y experiencias de aprendizaje mediadas por tecnologías emergentes -en especial, la inteligencia artificial- para acelerar y potenciar la reconfiguración de sus ofertas académicas.

La primera estrategia consiste en implementar un modelo pedagógico reflexivo, que reconozca y aproveche la diversidad de las personas, la multimodalidad en el aprendizaje, apoyado en un ecosistema altamente digital. En este nuevo modelo, los estudiantes transitan por múltiples caminos de formación y eligen aquellos aprendizajes y trayectorias que consideran valiosos para sus logros y el tipo de vida que valoran. Las universidades deben ofrecer certificaciones y titulaciones apilables que permitan trayectorias académicas progresivas, facilitar entradas y salidas del sistema sin restricciones de tiempo, modalidad y horario -presencial, virtual o híbrido-, y articular educación, trabajo y desarrollo personal.

Una segunda estrategia es de carácter administrativo y cultural. Adaptar los planes de estudio para hacer un uso significativo de las nuevas posibilidades tecnológicas requiere una voluntad política y académica auténtica por parte de directivos, profesores, administrativos y estudiantes. Se deben revisar y remover las prácticas administrativas arraigadas que impiden avanzar hacia diseños curriculares que se puedan implementar con rapidez. Hay que modernizar las estructuras académico-administrativas, enfatizando en la flexibilidad, la transformación digital y la eficiencia.

Una tercera estrategia debe estar a cargo del Estado. Se requiere de un gobierno que, respetando el principio de la autonomía universitaria, flexibilice los marcos regulatorios para promover la innovación educativa en vez de desestimularla. Tal como ocurrió durante la pandemia, el contexto actual exige actuar de manera disruptiva, con rigor académico y celeridad, sin descuidar la calidad.

Finalmente, la cuarta estrategia debe ser la internacionalización de los currículos. Contar con currículos bilingües no solo potencia las capacidades lingüísticas, sino que amplía las oportunidades de intercambio académico, facilita la movilidad de estudiantes y profesores y posiciona a las universidades colombianas como actores relevantes en la circulación global del conocimiento.

Estas transformaciones pueden parecer ambiciosas; sin embargo, no son opcionales y requieren del trabajo articulado y continuo entre la Universidad, la Empresa y el Estado, que debe fortalecerse. Además, constituyen la condición mínima para que la educación superior continúe cumpliendo su función social y su responsabilidad con el desarrollo del país. En la UAO, el 2026 será una oportunidad para acelerar estas estrategias de transformación. Ojalá los cambios que venimos impulsando desde hace dos años nos permitan evidenciar que con determinación, estas transformaciones sí son posibles.

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