Remover obstáculos para reducir la deserción en la educación superior
martes, 24 de febrero de 2026
Diego Hernández Losada
Colombia necesita incrementar la productividad, impulsar la investigación y la innovación y fortalecer la movilidad social. Para ello, se requiere una educación superior con altos estándares de calidad, flexible, multimodal y con mejores tasas de graduación. Sin embargo, las cifras revelan que miles de jóvenes abandonan sus estudios o ven innecesariamente prolongada su graduación. La tasa de deserción anual en el nivel universitario es de 7,82% y cerca de cuatro de cada 10 estudiantes se gradúan efectivamente de sus programas de educación superior (Spadies 3.0, Indicadores 2023).
Hoy, el perfil del estudiante colombiano que llega a nuestras universidades ha cambiado de manera considerable. Muchos trabajan mientras estudian; otros provienen de colegios con profundas brechas en la formación básica y, para algunos, esta es la primera generación con educación superior en sus hogares. Llegan con experiencias digitales, aprendizajes informales y expectativas diversas. Sin embargo, todos buscan oportunidades para convertirse en quienes aspiran a ser y para elegir aquello que tienen razones para valorar, como lo expresa Amartya Sen (1999). En ese proceso, enfrentan obstáculos frente a los cuales las IES deben trabajar.
El primero de ellos es la inflexibilidad curricular. En múltiples programas, la secuencia estricta de prerrequisitos convierte cualquier tropiezo académico en un retraso en los planes de estudio. En un país donde el costo de oportunidad de estudiar es alto y muchas personas trabajan y estudian al mismo tiempo, cada semestre adicional para un estudiante puede llevarlo a desertar del sistema. El segundo obstáculo es la evaluación estandarizada bajo el paradigma de la “talla única”. Si bien Colombia ha avanzado en sistemas de aseguramiento de la calidad y en pruebas como Saber Pro, persiste una cultura evaluativa centrada en el examen acumulativo y no en la retroalimentación recursiva. Esto termina por castigar el error en lugar de convertirlo en una oportunidad de aprendizaje.
El tercer obstáculo es el modelo pedagógico centrado en la enseñanza y no en la agencia del estudiante. Se privilegia la cobertura de contenidos sobre el desarrollo de capacidades que preparen a los estudiantes para elegir vidas que tengan razones para valorarlas. Remover estos obstáculos implica avanzar hacia un modelo de pedagogía reflexiva, en el que las actividades y experiencias de aprendizaje sean valiosas. Esto ocurre cuando los estudiantes participan activamente en procesos de conocimiento, reflexionan sobre su práctica y producen significados que transforman su comprensión del mundo (Cope y Kalantzis, 2005). En Colombia, esto supone remover barreras estructurales, facilitar trayectorias flexibles, reconocer aprendizajes previos, articular mejor la educación media con la superior y fortalecer esquemas de acompañamiento académico y psicosocial, para que los estudiantes puedan desplegar “funcionamientos” valiosos.
Con el progreso tecnológico y el avance de la inteligencia artificial, es posible crear entornos de aprendizaje más flexibles, personalizados y reflexivos que contribuyan a remover estos obstáculos. También deben revisarse marcos regulatorios innecesarios que hoy obstaculizan la flexibilidad y la multimodalidad. Finalmente, la alianza entre universidad, empresa y Estado, junto con una oferta mixta en la educación superior, debe convertirse en la estrategia más potente para movilizar esfuerzos con el propósito de remover estos obstáculos.