2025 fue un año con un desempeño relativamente bueno, particularmente si se le compara con los dos años inmediatamente anteriores. El PIB tiene una alta probabilidad de terminar alrededor de 2,8% e incluso en 3%, lo que estuvo ligeramente por encima de lo que esperaban los analistas hace un año (2,5%) y concuerda dentro del rango que esperábamos en Econometría hace un año (2,5-3%). En cuanto al mercado laboral, sus indicadores sorprendieron bastante a los analistas: mientras que hace un año esperaban en promedio una tasa de desempleo de 10%, ésta muy posiblemente cierre alrededor de 9%. Sin embargo, a estos buenos números, se les antepone una inflación que no se disminuyó durante 2025 y, en consecuencia, unas tasas de interés aún más altas. Lo anterior tiene una explicación: el alto déficit fiscal que el Gobierno ha generado. Por su parte, 2026 es un año que continuará, en gran medida, con esta dinámica de crecimiento inflacionario jalonado por la política fiscal. Esperamos que el crecimiento del PIB esté en un rango entre 2,5% y 3,0%, por debajo de su potencial, y una inflación que cerraría alrededor del 6%-7% pero con un sesgo más alcista que bajista. Pero además de esta dinámica, existen otros fenómenos que tendrán gran relevancia en este año.
Desde lo externo, el dólar ha perdido un gran valor ante otras monedas y ha jalonado a la baja el precio del dólar en Colombia. Detrás de esto hay dos grandes factores: el deterioro institucional de Estados Unidos y su política monetaria. Respecto al primero, múltiples acciones lideradas por Donald Trump han restado credibilidad en la economía estadounidense dentro de las que se encuentran: las intervenciones en Irán, Venezuela y las intenciones expansionistas en Groenlandia y los constantes ataques a la Reserva Federal, solo por mencionar algunas. Si bien no se pueden predecir los siguientes pasos de Donald Trump, lo que sí se puede prever es que continúe sorprendiendo por lo menos hasta noviembre cuando se den las elecciones del nuevo congreso y la correlación de fuerzas en este cuerpo colegiado posiblemente cambie. Por otra parte, la política monetaria en Estados Unidos enfrenta dos grandes retos: los constantes ataques de Donald Trump a la institucionalidad incluyendo una investigación penal al presidente de la Reserva Federal Jerome Powell y el enfriamiento del mercado laboral estadounidense.
Todo lo anterior justifica una visión de devaluación del dólar ante otras monedas, y en consecuencia una revaluación de la moneda colombiana. Adicionalmente, en Colombia se han implementado una serie de medidas innovadoras que logran tres objetivos simultáneos: la financiación de un mayor gasto público, la reducción contable del déficit fiscal y la revaluación de la tasa de cambio. Se trata de la estrategia del manejo de la deuda pública de la Dirección de Crédito Público, liderada por Javier Cuéllar. A esta se le suma otra medida que redobla esta apuesta mediante el decreto del Gobierno con el que se busca repatriar una parte de los recursos que hoy están invertidos en el exterior por los fondos privados de pensiones, el cual tendrá efectos muy similares en tasa de cambio y una mayor capacidad de gasto público. Así, de acuerdo con la última encuesta de expectativas a los analistas económicos realizada por el Banco de la República, la tasa de cambio podría fluctuar entre $3.700 y $3.800 durante 2026, y si bien esta es una variable con alta incertidumbre, son pocos los analistas que ven un retorno a niveles superiores a $4.000.
De esta manera, el comportamiento de la tasa de cambio ayudará a mitigar los efectos inflacionarios del incremento del salario mínimo que implementó vía decreto el gobierno de Gustavo Petro. Esta medida es una gran fuente de incertidumbre en el escenario macroeconómico. Al revisar los pronósticos de los analistas económicos realizada por el Banco de la República en diciembre, antes de que se conociera la decisión del salario mínimo, se preveía una inflación alrededor de 4,5% para finales de 2026, y el más pesimista la veía en 5,1%. Luego de la noticia del incremento del salario mínimo la expectativa promedio de inflación a fin de 2026 se incrementó a 6,2% y el más pesimista la ve en niveles cercanos a 8%. Esto obligará al Banco de la República a subir las tasas de interés por lo menos en cerca de 200 puntos básicos.
Curiosamente, los resultados de esa misma encuesta muestran un pronóstico estable en la tasa de desempleo. En octubre de 2025, la penúltima medición de la expectativa de la tasa de desempleo para 2026, sugería que continuara en niveles estables de 9%, el más pesimista la veía en 10,5% y el más optimista en 8,1%. Luego de la noticia del incremento del salario mínimo en un 23,7%, y un incremento real de 17,3%, la última medición muestra que se conserva una expectativa similar. Lo anterior puede resultar sorpresivo dada la alta insistencia de algunos opositores a esta medida por sus efectos lesivos en el empleo. Sin embargo, esta quietud en el pronóstico no quiere decir que le mercado laboral se quede quieto, sino que el ajuste se dará en la tasa de empleos formales y no necesariamente en la tasa de desempleo. Esto además refleja que, en los últimos dos años, en donde el gobierno subió el mínimo por encima de lo usual y la tasa de desempleo no cambio de manera significativa. Adicionalmente, la ausencia de efectos del salario mínimo en la tasa de desempleo se encuentra soportada en estudios empíricos recientes, en donde se muestra que los efectos del salario mínimo pueden ser lesivos para la formalidad, pero no para el empleo total. Sin embargo, vale la pena hacer una advertencia: la economía colombiana no ha enfrentado un choque tan alto en términos del salario mínimo, y al no tener un dato similar, las extrapolaciones econométricas pueden no ser tan confiables. Adicionalmente, la economía está llena de fenómenos no lineales, por lo que es posible que los próximos datos obliguen a una actualización al alza en el pronóstico de esta variable.
A grandes rasgos la economía parece que tendrá un 2026 estable. Sin embargo, detrás de esta aparentemente buena situación lo que se está fabricando es una bomba de tiempo fiscal sin precedentes en la economía colombiana. Adicionalmente, todas estas medidas han frenado la inversión en el país, lo que hace que el crecimiento en el futuro no puede ser tan alto. La elección presidencial se vuelve así un evento decisivo para el futuro de la economía colombiana. El perfil que se requiere de parte del próximo presidente y de los ministros entrantes es supremamente exigente ante el reto que les corresponde afrontar. Sorprende que ante el tamaño de tal reto haya tantas personas aparentemente dispuestas a afrontarlo.