Analistas 29/04/2023

Conciliar es el camino

Edgar Papamija
Analista

Imposible escapar a la tentación de opinar sobre los bandazos del Gobierno que generan ruido y todo tipo de teorías, sobre el presente y el futuro de este extraño país, donde hacemos una reforma tributaria cada dos años y un proceso de paz cada cuatro. Es insólito, por demás, que el gobierno de Petro, ya tenga un récord histórico de dos crisis de gabinete en ocho meses. Los ministros son fusibles y los fusibles se reemplazan cuando no funcionan. Petro maneja el voltímetro, pero hay un bolígrafo misterioso. Pareciera prudente abrir un compás de espera para evaluar las intenciones y los efectos del giro político que conlleva el nuevo gabinete ministerial.

En cuanto a las propuestas del Gobierno, podría decirse, sin temor a equivocarse, que Petro atesora en su cerebro la razón de sus desvelos, que no son pocos, y solo él determina el escenario real o virtual para dar a conocer sus determinaciones, dejando a la opinión la valoración de si se trata de una decisión presidencial o es simplemente la promulgación de un sueño. Petro no desecha los recursos literarios para mantener la devoción de quienes admiran y acogen sus ideas. El tren elevado Barranquilla - Buenaventura, la comunicación interamericana de energía, la nueva Alianza para el progreso o las alusiones a Andreas Mal en Stanford, son muestras de su visión romántica del poder. Las verdaderas prioridades pertenecen al fuero inexpugnable de sus propósitos y todo es posible en su entorno, menos discrepar de lo que considera sus inamovibles.

En esos inamovibles Petro atesora sus compromisos de tribuna que es el sancta sanctórum de su accionar político. En temas como la paz, la reforma agraria, los subsidios de supervivencia, la salud, el crédito barato, la educación universal gratuita, es intransigente y obstaculiza la negociación legislativa de las reformas para obtener resultados expeditos. Si hubiera menos dogmatismo y más diálogo, el resultado sería más ágil y efectivo como ocurrió con la reforma tributaria. El Presidente debe tener claro que, más allá de intereses políticos y económicos de privilegio, el país respalda las reformas que buscan mejorar las condiciones de millones de colombianos.

De la misma manera, aunque no le guste, el señor Presidente tendrá que aceptar que hay temas en los cuales la mayoría del país no lo acompaña. Venezuela y Maduro son una piedra en el zapato que la sonrisa de Benedetti no logrará remover. Difícil para la mayoría de los colombianos y para la comunidad internacional, con contadas excepciones, convalidar un Gobierno que lleva diez años en el poder, con innegables atropellos al orden constitucional y que parece dispuesto a todo, menos a dar un paso al costado para permitir el restablecimiento de la democracia.

Preocupa también la propuesta de paz total. Solo los necios y los que viven de la muerte añoran la violencia, pero el proceso arrancó mal. No ha logrado involucrar a la sociedad, le falta claridad conceptual y jurídica, así como una carta de navegación cierta. No basta señalar culpables o graduar enemigos del proceso, es preciso humanizarlo para no alimentar otra frustración.

El país no puede apostarle al fracaso del Gobierno del cambio. La vocación democrática de Petro, que le oímos en las plazas de Colombia, debe llevarlo a un ejercicio de gobierno menos retador y más conciliador.

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