La reciente medición del Dane confirma una noticia que trasciende las cifras y se traduce en dignidad: el Atlántico logró reducir su pobreza multidimensional de 9,5% a 8,2% en 2025. Esta caída de 1,3 puntos porcentuales no es producto del azar, sino el resultado de una acción pública y privada decidida, articulada y sostenida en el tiempo.
La pobreza multidimensional, como bien lo establece la metodología, no solo mide ingresos, sino condiciones reales de vida: educación, salud, empleo, vivienda y acceso a servicios públicos.
Por eso, cuando baja este indicador, lo que realmente ocurre es que miles de familias mejoran su calidad de vida. Detrás de cada punto porcentual hay menos rezago escolar, mayor acceso a la salud, menos informalidad laboral y mejores condiciones de vivienda. Es decir, hay oportunidades.
Este avance ha sido posible gracias a una apuesta integral de gobierno, donde lo público y lo privado trabajan de la mano. Hoy, desde la Gobernación del Atlántico, estamos movilizando inversiones que superan los $3,1 billones en ejecución, dentro de una meta de $7 billones de recursos propios para el cuatrienio 2024-2027.
Estos recursos no se quedan en cifras: se convierten en obras, empleo y dinamismo económico. Cada peso invertido genera circulación en la economía, activa el comercio, fortalece el tejido empresarial y, sobre todo, lleva bienestar a las familias.
No obstante, este resultado no es aislado. Hace parte de un modelo de desarrollo que ha posicionado al Atlántico como referente nacional. Somos el departamento número uno en el Plan Departamental de Aguas.
Muchos dirán: ¿qué anacrónicos, hablando de acceso a agua potable y alcantarillado en pleno siglo XXI? Sin embargo, el agua potable significa dignidad, que no solo impacta positivamente en la salud pública, sino que crea condiciones para atraer inversión, impulsa proyectos inmobiliarios y hoteleros, fortalece el turismo y dinamiza el desarrollo territorial.
No es solo la inversión social lo que mueve al Atlántico: también la fortaleza de sus finanzas públicas. Recientemente, Fitch Ratings ratificó la máxima calificación crediticia del departamento: ‘AAA(col)’ a largo plazo y ‘F1+(col)’ a corto. Esta ratificación ubica al territorio entre las economías más sólidas del país, junto a Antioquia y Valle del Cauca.
Para nosotros, es la confirmación de que la disciplina fiscal y la eficiencia en el gasto han sido la clave. En 2024, el Atlántico mantuvo un margen operativo de 30%, superando 34% al cierre de 2025. 39% del presupuesto total se destinó a inversión, lo que garantiza capacidad de respuesta ante crisis sin perder la ruta del desarrollo social.
Cuando los recursos se administran con disciplina y transparencia, alcanzan para más. Y en el Atlántico se traducen en resultados concretos: 400 obras civiles en ejecución, que se sumarán a las 850 de mis dos gobiernos anteriores, son la muestra de que también el “cemento” tiene un componente social y abre oportunidades.
Reducir la pobreza no es solo un dato; es la evidencia de un modelo de desarrollo que une crecimiento con equidad. Cuando la inversión pública es eficiente, la salud, la educación y la infraestructura transforman realidades. El Atlántico lo demuestra: cuando la pobreza baja, crece la esperanza. Y ese es el mejor indicador hacia un futuro con más oportunidades.