Analistas 05/03/2026

Comprender lo cambia todo

Eduardo Verano de la Rosa
Gobernador del Atlántico

Contrario a lo que mucha gente cree, la digitalización no reemplaza la capacidad de pensar; la potencia. Leer y comprender lo leído para aprender es el motor que cambia todo con velocidad.

Hoy nos enfrentamos a una incertidumbre vibrante: no sabemos aún cuáles serán las habilidades requeridas en los trabajos del futuro y, por eso, el desafío de diseñar el aprendizaje correcto es mayúsculo y urgente.

Con esta premisa asistimos al Foro Internacional de Alfabetización, Equidad y Futuro, invitados por el Ministerio de Educación de Brasil, en representación de Colombia. Nuestra presencia allí no fue un acto fortuito; fue el reconocimiento a los avances que, desde el departamento del Atlántico, hemos logrado con una convicción clara: la educación es el mayor factor de movilización social.

Lo clave, lo verdaderamente transformador, es garantizar el derecho a la alfabetización en la primera infancia, hasta los cinco años de edad.

La importancia de la lectura, la escritura y la formación matemática básica antes de los 7 años es insoslayable, porque es allí donde se abre el conocimiento y se fomenta la imaginación y la creatividad que el nuevo mundo demanda.

Las cifras en Latinoamérica son un llamado a la acción inmediata: solo 55,7% de los niños sabe leer y escribir a la edad adecuada. En Brasil, 56% de los alumnos de segundo año de primaria lee de manera eficiente; en Colombia, 45%. En México, 75% presenta rezago en alfabetización inicial y conocimiento numérico; en Argentina, 46%, y en Chile, 60% tienen bajos niveles de comprensión lectora. En Perú, 70% de los escolares tarda hasta 7 años en adquirir habilidades básicas de lectura.

En este foro construimos una visión compartida de educación integral para toda la región, con el objetivo de que los países compartan procesos y aprendizajes para cerrar esta brecha de desigualdad. Pero la formación de calidad no ocurre en el vacío. Entendimos que el proceso pedagógico debe estar respaldado por una infraestructura digna y potente que facilite el aprendizaje. Por eso, en nuestro segundo gobierno, construimos 21 Centros de Desarrollo Infantil (CDI) en zonas vulnerables. Estos espacios no son solo cemento: son ecosistemas de formación donde la arquitectura acompaña el proceso de alfabetización temprana, brindando seguridad y estímulo a los más pequeños.

Debemos garantizar herramientas de vanguardia, incluida la inteligencia artificial, para ofrecer una educación pertinente. Fue enriquecedor analizar casos como los de Brasil, Uruguay, México, Argentina, Chile y Perú. Todos coinciden en algo que en el Atlántico aplicamos con rigor: los sistemas de evaluación deben retroalimentar a las escuelas para permitir revisiones oportunas.

América Latina unida por la lectura es el gran proyecto que debemos consolidar. Necesitamos políticas que privilegien la formación de docentes, para que tengan la capacidad de alfabetizar con creatividad, trabajo y dedicación.

Hay que leer para aprender, leer para recordar y leer para comprender. No es una destreza automática; es un diálogo que se cultiva en aulas y salones de lectura, donde los niños racionalizan lo que ven y leen. La justicia social comienza con una educación de calidad, en la que el niño entienda para qué leer; así se le abren universos enteros. La comprensión lectora y la escritura deben ser, para siempre, un derecho de todos y no un privilegio de pocos.

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