Como gobernador, mi deber es hablar de cifras, proyectos, metas y planes de desarrollo; pero como testigo de una entrega incansable, mi alma me dicta hablar con el corazón sobre la mujer que ha potenciado la llama del optimismo en nuestro departamento: Liliana Borrero.
Su labor no es un simple ejercicio de asistencia social; es una revolución de la autonomía económica, un grito de libertad y un acto de fe en el poder transformador de la mujer.
La visión de Liliana tiene un sello de excelencia académica y compromiso humano. Su capacidad para estructurar proyectos que proyectan vidas nace de su sólida formación como administradora de empresas y arquitecta.
Como apasionada del diseño, ella no solo ve estructuras: ve sueños; no solo gestiona recursos: construye dignidad. Esta combinación le ha permitido liderar con la precisión de la técnica y la sensibilidad de quien entiende que la estética y la funcionalidad deben ir de la mano para sanar el tejido social.
Liliana ha sido la voz de las que no eran escuchadas. Cree fervientemente que las mujeres son el motor de transformación más potente de nuestra sociedad. A través de la sororidad ha demostrado que cuando una mujer avanza, avanzamos todos.
Esta es la esencia de nuestra visión socialdemócrata: un gobierno que pone lo humano en el centro, que cree en la equidad no como un discurso, sino como una práctica diaria de justicia social.
Desde nuestro primer mandato, Liliana entendió que el patrimonio es el espejo del alma de un pueblo. Con el proyecto de Urbanismo Social, su ojo de arquitecta devolvió el color y la alegría a barrios vulnerables de municipios y corregimientos con “Casitas Pintadas”.
Su mayor legado será haber elevado el arte de nuestros artesanos a estándares globales. A través de “Sello Artesanal” lidera una curaduría que ha llevado nuestra esencia a vitrinas internacionales como la feria Maison&Objet en París, donde el megacanasto deslumbró por su pureza ancestral: un producto diseñado por ella y materializado por las manos virtuosas de artesanos del corregimiento de Paluato, en Galapa.
Qué orgullo sentir que el talento de nuestra gente hoy brilla en las tiendas más exclusivas de Nueva York, demostrando que el Atlántico no tiene fronteras.
Sus logros son hitos históricos: desde el premio mundial a la gastronomía con el libro Atlántico sabe rico hasta impactar la vida de 900 artesanos cuyas ventas ya superan el millón de dólares anuales. Recientemente, en México, fue exaltada con el premio internacional Tonantzin 2025 como líder iberoamericana. Allí demostró que en el Atlántico el empoderamiento femenino es real, con un gabinete constituido en 53% por mujeres y proyectos que generan autonomía financiera como “Yo Emprendo, Yo Facturo”.
Pronto ese liderazgo vibrante cruzará el océano hacia Stresa, Italia, al 4º Congreso Internacional 50+1, para decirle a las mujeres del mundo que sí es posible transformar la realidad desde la solidaridad y la libertad financiera.
Admiro su valentía para convertir el saber ancestral en un activo de poder.
Liliana es el alma de nuestra “Ruta 23”, proyecto que promociona festivales y ferias. Es la mujer que nos ha enseñado que el amor y la sororidad son la clave para que el Atlántico sea, para siempre, un faro de luz para el mundo.
Liliana es mi esposa.