Uniatlántico: sueños en expansión
Al mirar en retrospectiva el camino recorrido con la Universidad del Atlántico, confirmo que cuando hay decisión política, planeación rigurosa y compromiso con la gente, los resultados llegan y transforman vidas.
En 2006, la institución entró en restauración de pasivos, en el marco de la Ley 550 de 1999 (ley de quiebras), en medio de una profunda crisis que llevaba algunos años.
En 2008 recibimos una universidad con cerca de 8.000 estudiantes; hoy tenemos 26.500 formándose.
¿Qué pasó?
Este crecimiento no es producto del azar: ha sido el resultado de un esfuerzo sostenido desde nuestro primer gobierno (2008-2011) hasta este tercer periodo (2024-2027), con inversiones históricas que hoy tienen al alma mater con finanzas sólidas y con un superávit de $100.000 millones.
El proceso de regionalización fue, sin duda, uno de los hitos más trascendentales. Pasar de una universidad concentrada en la sede de la calle 43, en Barranquilla, a consolidar un gran campus en Puerto Colombia como eje académico principal significó descentralizar oportunidades y ampliar el acceso.
No fue un camino fácil. Implicó gestionar recursos, estructurar vigencias futuras, priorizar inversiones y asumir decisiones que, en su momento, generaron dudas.
Recuerdo que desde el Gobierno nacional, incluso con reservas iniciales de la entonces ministra Gina Parody, se cuestionaba -con razón- si trasladaríamos los problemas de la sede principal a las nuevas que planteábamos concretar. No obstante, escuchamos a la gente, que nos pedía presencia, oportunidades y, sobre todo, universidad.
Así nacieron y se consolidaron sedes estratégicas como la del sur, en Suan, que hoy impacta no solo al Atlántico, sino a municipios del Magdalena y Bolívar, y la sede de Sabanalarga, ubicada en el corazón del departamento.
No solo construimos edificios: construimos futuro. Nuevos laboratorios, bibliotecas modernas, espacios de investigación, nuevas tecnologías y una apuesta decidida por la formación docente permitieron la acreditación institucional.
Hoy, incluso, contamos con una Facultad de Medicina que abre la puerta a estudiantes de estratos 1, 2 y 3 para formarse como profesionales de la salud en una universidad pública.
En esta nueva etapa seguimos avanzando. La sede Centro de Barranquilla, que durante años quedó rezagada y limitada a cursos de inglés, hoy renace como un gran complejo de posgrados. Con una inversión de $60.800 millones, estamos levantando una infraestructura moderna, con 7 pisos, sótanos, tecnología de punta y condiciones óptimas para la formación avanzada.
Este proyecto hace parte de un plan integral que supera los $148.000 millones en distintas sedes y que, en su conjunto, refleja una inversión cercana a los $189.000 millones en la universidad.
Y si a esto sumamos la sede que gestionamos para el municipio de Soledad, se completaría un círculo virtuoso de educación superior para el departamento.
En Bellas Artes, lo que en su momento fue una tragedia -el deterioro estructural de una edificación emblemática que se desplomó- se convirtió en una oportunidad para hacer una restauración ejemplar.
Hoy podemos decir, con orgullo, que la Universidad del Atlántico no solo creció en número de estudiantes, sino en calidad, en cobertura y en impacto social. Lo que estamos construyendo no son edificios, son oportunidades. No estamos ampliando sedes, estamos ampliando sueños.