Algunos han hablado mucho de “crisis eléctrica” o “crisis energética del país” durante el gobierno de Petro. Lo hacen sin retrovisor, con poca autocrítica y mucho cinismo. Quienes no fueron capaces de convocar subastas ni garantizar la energía o la entrada de proyectos nos dicen cómo debemos hacerlo.
Los congresos que se dan por estos días son encuentros para ver el “vaso medio vacío” de la política energética de este gobierno, que termina su mandato en tres meses. Todos estos encuentros gremiales y empresariales son testigos del monotemático ambiente apocalíptico alrededor de la energía. Normal en tiempos electorales. Pero los datos matan los relatos.
Hace apenas un año, el gremio de las empresas de energías renovables (SER) le reclamaba al gobierno un conjunto de siete medidas para acelerar la confianza inversionista y la entrada de más proyectos. En el marco del congreso de la semana pasada, le demostramos que habíamos cumplido. Surgen nuevos temas y surgen nuevas respuestas y trámites. Pero, en general, aunque no lo reconozcan públicamente, cumplimos.
Cumplimos tanto que el mismo gremio nos invitó hace algunos meses a celebrar sus primeros 3 GW de energías limpias, que, sumados a techos y generación distribuida promovidos por el gobierno con recursos públicos, ya superan hoy los 4,1 GW. Dos veces más que la apuesta del Plan Nacional de Desarrollo y 20 veces más que hace cuatro años. Hay más de 250 MW en proyectos que ya empezaron a pedir pista ante XM. Esperamos que en junio próximo otros miles de kilovatios de energías limpias hagan lo mismo, con una nueva asignación de capacidad.
La “Estrategia 6GW+” fue nuestra respuesta de articulación institucional para desatar los nudos, adaptar y acelerar la regulación y mejorar el clima político, que se había deteriorado por el fallido proyecto eólico “Alfa y Beta”, que esperamos pronto tenga un nuevo desarrollador comprometido, precisamente como resultado de este nuevo clima político, regulatorio y social.
Pero, además de lo pedido hace apenas un año por SER, impulsamos los programas de Comunidades Energéticas y Colombia Solar, y convocamos obras de transmisión por más de US$1.700 millones en el Caribe colombiano, que impulsarán la economía y el empleo y servirán de pista para las energías limpias que se desarrollan en el país. Por su lado, el Ministerio de Medio Ambiente, junto con la Autoridad de Licencias Ambientales, desarrolló instrumentos jurídicos para agilizar los trámites, que ya superan los 34 para energía solar.
Recientemente, el sector privado, usando nuestra novedosa regulación, avanza en la constitución de comunidades energéticas, llevando energía limpia a empresas y comunidades y democratizando el sistema de generación eléctrica del país, que antes estaba concentrado en pocas manos. Pronto se desarrollarán “comunidades energéticas industriales”.
La semana pasada presentamos al sector y al país un conjunto de 10 medidas para acelerar la transición energética que, hace menos de un año, eran solo ideas y propuestas. El marco jurídico y regulatorio, así como el clima político, están dados para atraer más inversión en energías limpias y para que las empresas avancen en la descarbonización e ingresen en el mercado de energía eléctrica.
Dentro de esas decisiones cursan una subasta de cargo por confiabilidad y la subasta de contratación de largo plazo, que cumplen un rol complementario en la gestión del sistema eléctrico colombiano.
Mientras la primera asegura la disponibilidad de energía firme en momentos críticos -reduciendo el riesgo de desabastecimiento-, la segunda facilita la incorporación de nueva capacidad de generación mediante contratos estables que viabilizan la inversión. En conjunto, ambas herramientas fortalecen la confiabilidad del sistema y envían señales claras para el desarrollo ordenado del parque de generación.
Todo esto no ha sido fortuito. Es producto de una decisión política del presidente Petro. No se había expedido tanta regulación para este propósito. Aunque siempre se habló de transición, se dejó el país en manos de las hídricas, que fallan en sequías, o de las térmicas, que nos condenan a los fósiles.
Hoy, aunque apenas empezando, ya hay una ruta trazada.