Analistas 29/01/2026

Avidez imperial

Eric Tremolada
Dr. En Derecho Internacional y relaciones Int.

Pese a que Frank-Walter Steinmeier, presidente alemán y líder europeo, advirtió que “la democracia mundial se enfrenta a una presión sin precedentes y que no se podía permitir que el orden posterior a la segunda posguerra se fragmente”, rompiendo un sistema basado en normas para caer en una “cueva de ladrones donde los más inescrupulosos se llevan todo lo que quieren, donde regiones o países enteros son tratados como propiedad de unas pocas grandes potencias”, los últimos días no dejan de evidenciar tensiones globales con ocasión de la dirección que toma la acción exterior de Donald Trump, centrándose ahora en su intención de adquirir Groenlandia y la creación de un organismo internacional que, irónicamente, se llamaría Junta de Paz.

Ante este sombrío panorama son pocos los liderazgos con pantalones, el gobernador de California, Gavin Newsom, no se explica y critica la pasividad de los jefes de gobierno europeos, calificando su actitud de vergonzosa. Por su parte, el primer ministro canadiense Mark Carney, advierte sobre el inminente colapso del antiguo orden y exhorta a las potencias medianas para unirse contra la ya usual coacción económica.

En el Foro de Davos, Trump formalizó su “Junta de Paz”, una organización con amplios poderes que busca intervenir en la reconstrucción de Gaza y que, no sin razón, se percibe como un intento de desplazar a las Naciones Unidas. El organismo ha sumado a países cortesanos como Argentina, Hungría, Pakistán y Paraguay que no dudaron en sumarse como miembros fundadores, y Rusia bajo el liderazgo de Vladímir Putin aceptó la invitación. Por su parte China y otras naciones europeas mantienen una tímida postura entre reticencia, escepticismo y rechazo.

La diplomacia tradicional está siendo reemplazada por lo que el Gobernador de California denomina la “ley de la jungla”. Trump, como si fuera un “T-Rex”, ejerce coerción económica y confrontación directa donde los países deben decidir si aliarse a él o ser “devorados”. Sin reacciones se le permite proponer organizaciones internacionales paralelas que con un poder centralizado -que él presidirá- podrá vetar decisiones, disolver la junta y designar a su propio sucesor. El proyecto de tratado -como si fuera un club privado o una junta directiva corporativa- sugiere que se otorguen puestos permanentes a quienes contribuyan con US$1.000 millones.

Ante el uso de la coerción económica como “arma”, las potencias medianas como Canadá, Australia, Brasil y Corea del Sur buscan actuar en conjunto para no ser devoradas y, en materia de alianzas, se evidencian nuevas tendencias (Canadá negocia acuerdos comerciales con China y Qatar, y pactos de defensa con la Unión Europea, en lugar de depender solo de su relación histórica con EE.UU.).

La amenaza a Groenlandia debería unir a Canadá, Europa y la Unión Europea en defensa de la soberanía danesa, invocando incluso el compromiso con el Artículo V de la Otan. Sin embargo, la sumisión de los europeos, en palabras de Newsom, es “patética” y “cómplice” ante las demandas de Trump. Sin posturas firmes y unidas no solo se debilita la Otan y la Unión Europa, se revitaliza a Rusia.

Sin reacciones ni liderazgos alternativos muchos Estados buscarán acomodarse en los sucedáneos de las actuales instituciones internacionales como si fueran un club privado de pago y al servicio de un solo hombre.

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