Fronteras del derecho internacional 27/08/2026

Del afán solo queda…

Eric Tremolada
Dr. En Derecho Internacional y relaciones Int.

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Las prisas del nuevo gobierno de Colombia por alinearse con Washington y Tel Aviv llevarán al país a apartarse del consenso multilateral y a incurrir en serias violaciones del derecho internacional.

Reconocer la soberanía sobre los Altos del Golán viola normas imperativas que prohíben usar la fuerza y adquirir territorio por medio de esta y, en particular, la S/RES/497 de 1981 que, adoptada por unanimidad, dejó claro que la anexión israelí de este territorio sirio es nula, inválida y sin efectos jurídicos. Concesión y desvío gravísimo de quien es miembro del Consejo de Seguridad.

Aceptar la soberanía marroquí sobre el Sáhara Occidental desconoce el derecho a la libre determinación que tiene el pueblo saharaui (Art. 1.2 de la Carta y A/RES/1514 y 1541 de 1960) y da la espalda a la S/RES/690 de 1991 que estableció la Minurso para organizar un referéndum de autodeterminación en este territorio que la Onu considera “no autónomo”.

Trasladar la embajada a Jerusalén vulnera las S/RES/476 y 478 de 1980, que prohíben explícitamente alterar su estatus jurídico, demográfico y político, declarando nulos tales actos y pidiendo a los Estados retirar sus misiones.

Y, como si fuera poco, autorizar operaciones militares de EE.UU. en territorio colombiano transgrede los principios de soberanía y no intervención (Art. 2.1 y 2.7 de la Carta) sin cumplir los procedimientos internos de nuestra Constitución (Art. 173). Y si estas tropas ejecutan operaciones de fuerza sin un mandato del Consejo de Seguridad, violarían la prohibición del uso de la fuerza (Art. 2.4 de la Carta).

El presidente de Colombia anunció, desde su triunfo, que “no tendría relaciones con países que no respetan la libertad y el Estado de derecho”. Nos quedaríamos solos si fuera la comunidad internacional la que aplicara esa premisa. De hecho, 57 países de la Organización para la Cooperación Islámica rechazaron estas medidas.

En lugar de precipitarnos con una alineación total e ideológica con las agendas de Trump y Netanyahu, deberíamos optar por un No Alineamiento Activo como alternativa. Este planteamiento, que defienden expertos chilenos como Carlos Ominami y Jorge Heine, propone que los países de la región no deben tomar partido por una u otra superpotencia en sus disputas geopolíticas, sino colocar permanentemente sus propios intereses nacionales por delante, es decir, pragmatismo inteligente.

La preservación de la reputación y la autonomía es la mayor carta de presentación y defensa de las naciones medianas en el mundo. El alineamiento incondicional fomenta una posición de subordinación que destruye la reputación del país y nunca es correspondido.

Si bien la política exterior colombiana hace muchos años dejó de ser del Estado y es del gobierno de turno, usando las palabras de Ominami y Heine, el no alineamiento activo provee un marco de estabilidad a largo plazo que protege la agenda internacional del país de los vaivenes ideológicos de cada administración.

Apartarse de iniciativas como la Ruta de la Seda o generar tensiones innecesarias con potencias árabes por sesgos ideológicos debilita drásticamente la capacidad exportadora y la diversificación de mercados.

El No Alineamiento Activo le ofrecería a Colombia la oportunidad de recuperar su reputación internacional, diversificar su economía y defender con soberanía sus verdaderos intereses.

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