Ética vs. tecnofascismo
El papa León XIV nos comunica su primera encíclica donde, de forma solemne, presenta un análisis absolutamente relevante: «la custodia de la persona humana en el tiempo de la inteligencia artificial».
Por su parte, ya había hecho lo propio Alex Karp, el CEO de Palantir Technologies, con un polémico manifiesto de 22 puntos que resume la visión ideológica y empresarial de la empresa que dirige, exigiendo a Silicon Valley que abandone su postura neutral y desarrolle armamento de inteligencia artificial para asegurar la supremacía militar de Estados Unidos y Occidente.
Así, se pone de relieve el choque entre humanismo y tecnocracia, que lentamente se venía gestando (advertencia de Habermas sobre los algoritmos que mencionamos el 26.03.26) y que es más serio de lo imaginado. Mientras el Papa, con una visión de humanismo cristiano, propone una IA subordinada a la dignidad humana, Palantir, desde la perspectiva tecnocrática, la proyecta como una herramienta de dominio geopolítico y militar.
Estos enfrentamientos no son nuevos. Cuando se dio la mecanización masiva que transformó a los trabajadores en meros engranajes de la producción (Revolución Industrial del siglo XIX), la Iglesia respondió con la encíclica «Rerum Novarum», defendiendo la dignidad del trabajador frente a la explotación de la técnica y el capitalismo desenfrenado. Y tras el uso de la energía nuclear y los horrores del Holocausto, filósofos y pensadores cristianos -como Romano Guardini- advirtieron que el progreso técnico avanzaba más rápido que la responsabilidad moral y humana.
Entre la encíclica y el manifiesto hay diferencias éticas fundamentales. La primera aboga porque la IA debe orientarse al bien común y al desarrollo humano integral. El manifiesto busca asegurar la dominancia del software occidental, tratando la tecnología como una herramienta de poder.
En materia de gobernanza, el documento papal denuncia la concentración de poder en élites (síndrome de Babel) y defiende un diálogo que incluya a la sociedad civil, mientras Palantir opera bajo una lógica donde las decisiones solo recaen en tecnólogos y gobiernos.
El Papa entiende como una exigencia «desarmar la IA», prohibiendo que las máquinas tomen decisiones letales, frente a Palantir, que considera la IA un arma inevitable y ya la aplica en la selección de objetivos militares y el rastreo de inmigrantes.
Otra divergencia radical se encuentra en el uso de los datos. El Papa defiende el destino universal de los bienes digitales, mientras Palantir actúa como un exponente de la extracción y control de datos para la seguridad estatal.
Solo coinciden en que la IA no posee conciencia moral y requiere algún nivel de supervisión humana. ¿Rendición de cuentas? ¿Existen problemas que la IA no debería intentar resolver?
Hoy debatimos entre el humanismo cristiano, que propone que el valor y el futuro del ser humano no son datos calculables por algoritmos, sino realidades basadas en la libertad, la trascendencia y las relaciones interpersonales, frente al imperio de la idolatría del lucro y la eficiencia. No obstante, sustraer la IA de la competencia armamentística y militar, eliminar la agresividad y la desinformación en los entornos digitales y desarrollar un modelo de sociedad que sustituya la «cultura del poder» por la corresponsabilidad compartida no debe ser solo una preocupación de la Iglesia.