Analistas 08/07/2021

¿Militaradas andinas?

Eric Tremolada
Dr. En Derecho Internacional y relaciones Int.

Son 200 escritos que, con frecuencia quincenal, desde el 22 de febrero de 2013, han permitido opinar sobre la base del único denominador común que, en términos de mínimos, objetiviza las relaciones internacionales, y hemos constatado en esta sección la dificultad y la falta de decisión política para superar las constantes crisis, la escasa lealtad a las palabras y a los hechos que malintencionadamente -Estados e individuos- pervertimos, moralizamos y encadenamos a oscuros objetivos, como testimonio de una justicia aparente (posverdad).

Primero, en Perú, un grupo de militares en retiro, a los que se suma el exalmirante Jorge Montoya -quien el próximo 28 de julio asumirá como congresista- pidió a los altos mandos de las Fuerzas Armadas no reconocer al izquierdista Pedro Castillo como presidente electo debido a las denuncias de “fraude sistemático”. Proponen una sola salida para dos eventos, sea que no prosperen las denuncias “tendríamos un presidente ilegal e ilegítimamente proclamado” o que se instale el Congreso sin llegar a un presidente proclamado, aconsejan recurrir al Congreso “para dar una solución democrática”, esto es, convocar elecciones. Entretanto, asumiría la presidencia el propio Montoya quien tendrá el honor de oficio, pues asumirá la Presidencia del Congreso por ser el parlamentario más votado.

Segundo, en Colombia, oficiales en retiro, liderados por el general Jorge Enrique Mora, negociador con las Farc y que luego lanzó ataques a lo que el mismo concertó, expiden un comunicado a nombre de la reserva activa y lo titulan “Derechos In-humanos”. Como en el Perú, sienten que el país se halla frente a una amenaza: “el falso progresismo” que pretende “aniquilar el Estado de derecho y la democracia”. Detrás de la amenaza, los mismos que en Perú, “pseudo intelectuales” (caviares allá), y “líderes de izquierda, justicia parcializada, complaciente prensa sesgada, algunos sindicatos comunistas”, coaccionando, asumen “el sagrado compromiso de construir una Colombia digna, evitando, como ha sido tradicional, que se eluda la responsabilidad. Esperando que sean otros quienes lo hagan”.

En Perú, Castillo supera por 44.058 votos a Fujimori que ha solicitado anular unos 200.000 de la zona rural andina donde, como era obvio, Castillo ganó abrumadoramente. El fraude sistemático no ha encontrado eco en los jurados electorales, ni en las misiones internacionales de observación de la OEA y la Uniore.

En Colombia la vida no encuentra como ser un derecho inviolable. En lo que va de 2021, 46 masacres con 175 víctimas, 42% de los colombianos se encuentra en pobreza y solo el saldo de la protesta social completa 82 jóvenes con lesiones oculares y 74 homicidios.

No solo se trata de desigualdad, sino de lo que Alberto Vergara llama distancia entre los privilegiados que vivimos en burbujas privadas que nos brindan seguridad, salud y educación, y entre los que sobreviven, que votaron por Castillo, y los que protestan en las calles colombianas.

Las impresiones de Vargas Llosa “desde el lejano Madrid”, no pueden ser más infortunadas al exaltar a Uribe y Duque. Se refería a que no había país latinoamericano “más libre, civil y democrático” que Colombia, y en otras, contradiciendo todo lo que dijo, con razón, de Keiko Fijimori, hoy lo revalúa, porque la lucha ya no es la democracia, sino atajar el comunismo.

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