Repensar o retuitear

Eric Tremolada

Hasta no hace mucho la prensa escrita contribuía a formar la opinión pública, idea o juicio, más o menos común, acerca de algo o alguien, que debería favorecer un diálogo racional y plural, fortaleciendo la democracia. Sin embargo, los usos y cometidos de esta visión positiva de la opinión pública, y su relación con la democracia, en términos de Habermas, se reduce a pasos agigantados y de manera inversamente proporcional a la expansión de las fakes news en las redes sociales.

De ahí que la prensa escrita no solo luche contra el descenso diario en la circulación y la facturación de publicidad, sino -y en palabras de Juan Luis Cebrián- contra el basurero de opiniones que -sin rigor y credibilidad- impera en internet. Como sostiene el expresidente del Grupo Prisa “hay diarios digitales respetables, pero hay también una gran cantidad de sistemas organizados para generar desinformación y chantajes”.

¿Cómo enfrentar esa cloaca de embaucamientos, corrupción y desinformación de las redes a las que muchos medios no combaten con respuestas rigurosas y fiables? Reasumiendo la deliberación interior, no podemos seguir formando nuestros juicios sin repensar en las palabras, en la forma como se instrumentalizan, como simulan, convencen y movilizan, es decir, como regulan nuestras emociones.

El 29 de julio de 2017 dijimos que desde los noventa -de forma progresiva- en el mundo de la comunicación, la administración y la política nos cuentan historias con el “arte” de instrumentalizar nuestras convicciones. El storytelling o “arte de contar historias” -una forma de comunicación destinada a los niños-, resurgió entonces como un instrumento de persuasión y propaganda en manos de quien dispone del poder para ello.

Un estudio de tres investigadores del MIT, Soroush Vosoughi, Deb Roy y Sinan Aral, muestra la facilidad que tienen estos contenidos para difundirse, llegan “más lejos, más rápido, de forma más profunda y amplia que la verdad, en todas las categorías de la información” y, en especial, en la política (36% de la muestra).

El informe, publicado en Science el 9 de marzo, analizó 126.000 cascadas de Twitter (noticias que consiguen ser retuiteadas de forma masiva) entre 2013 y 2017 que habían sido compartidas por un total de tres millones de personas alrededor de 4,5 millones de veces, lo que llevó a concluir que las fake news tienen 70% más de probabilidades de ser replicadas que las noticias veraces.

Con el llamado clickbait presentan las noticias de forma impactante para ganar la atención del usuario, los contenidos no son relevantes, solo se escenifica a través de palabras, buscando la identificación con alguien y la reafirmación en aquello de lo que estaba convencido.

Así, los contenidos falsos son más novedosos y es más probable que las personas compartan una información que los hace partícipes de una historia que provoca excitación y que reafirmamos con la réplica.

Lo más sombrío de la conclusión del estudio es que mientras las noticias falsas nos producen sorpresa, disgusto y exacerban emociones, las historias reales causan respuestas caracterizadas por tristeza, anticipación y confianza.

Así, todo se reduce a elegir repensar o retuitear, y si no lo hicimos en la primera vuelta de las elecciones, preguntémonos qué tanto contribuimos a que Duque y Petro sean quienes disputen la segunda vuelta.

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