Analistas 08/10/2026

Septiembre negro

Eric Tremolada
Dr. En Derecho Internacional y relaciones Int.
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Con el título de esta columna no queremos referirnos al conflicto armado ocurrido en los años 70 entre Jordania y la OLP, que se conoció con este nombre, sino al triste mes que acaba de terminar y que, con solo dos hechos, muestra un panorama muy oscuro.

Durante el 81.° período de sesiones de la Asamblea General de la ONU, celebrado del 22 al 28 de septiembre, muchos de los líderes no se centraron en la crisis del multilateralismo, los conflictos armados y los retos tecnológicos que los convocaron, ni mucho menos en cómo restaurar la confianza y gestionar la transformación de la Organización. Por el contrario, se dirigieron a sus electores mientras desafiaban el orden internacional que quieren derruir.

Por otro lado, con una acertada analogía, Rosa Sala Rose, ensayista especializada en cultura alemana y en el nacionalsocialismo, advierte en El País que la llamada “vacuna de la historia” alemana está perdiendo su efecto protector. La Alemania actual y la de los años 30 tienen tantas similitudes que asustan.

En septiembre, el partido de extrema derecha AfD alcanzó 43,8% en Sajonia-Anhalt, porcentaje muy parecido al 42,5% que obtuvo el partido nazi en las elecciones regionales de Turingia, en julio de hace 94 años. ¿Porcentajes tan parecidos reflejan el resurgimiento de una fuerza extremista en la política regional alemana?

La citada ensayista recuerda que, tras la devastación del Holocausto, la sociedad alemana desarrolló un rechazo profundo hacia el extremismo racial que funcionó durante décadas como una “vacuna” ideológica. Sin embargo, dos generaciones después de Auschwitz, esa protección se desgasta. Con el respaldo de millones de votos, actitudes de intolerancia y nacionalismo -antes vergonzantes- hoy son vistas como aceptables por una parte importante de la población.

Si bien la situación actual no es idéntica a la de los años 30 -primero, porque la AfD no posee una fuerza paramilitar como las SA nazis, y segundo, porque la democracia alemana cuenta hoy con defensas como el “cortafuegos” impuesto por los demás partidos para evitar formar gobierno con ella-, los resultados electorales los ponen a dudar y las grietas se hacen evidentes.

Preocupa, sobre todo, la gran coincidencia de ideas, que evidencia un retorno del nacionalismo étnico (völkisch). Esta visión defiende que la pertenencia a un país no se basa en los derechos de ciudadanía (demos), sino en la herencia biológica y la sangre (ethnos). Para no sonar tan agresivos, hoy utilizan términos aparentemente cotidianos: en lugar de hablar abiertamente de “raza aria”, se distingue entre alemanes “biológicos” (biodeutsch) y alemanes “de pasaporte” (Passdeutsche). Se promueven conceptos como la “remigración” (deportaciones masivas) y la teoría conspirativa del “gran reemplazo” (Bevölkerungsaustausch).

Con un revisionismo histórico, buscan minimizar el pasado nazi calificándolo de simple “cagada de pájaro”. En otras palabras, vuelve la ilusión de superioridad basada solo en el origen biológico, sin necesidad de esfuerzo alguno. Al mismo tiempo, esa visión requiere señalar a un “enemigo” externo (migrantes) para construir la propia identidad.

En conclusión, la analogía nos recuerda que, aunque la historia no se repita de forma idéntica, el debilitamiento de la memoria histórica permite que discursos de odio reaparezcan disfrazados de moderación.

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