Analistas 29/10/2026

Un país que no controla el dopaje

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Un país que lucha frontalmente contra la droga también debe hacerlo contra el dopaje. No es una frase de efecto. Es la misma lógica de capacidad institucional: ver, medir y actuar a tiempo. Si el Estado se exige en un frente, no puede relajarse en el otro. El Laboratorio de Control al Dopaje de Bogotá perdió la acreditación de la Agencia Mundial Antidopaje (Wada) en febrero de 2017. La suspensión se debió a fallas analíticas -falsos negativos en muestras de control de calidad- y a cuestionamientos sobre su independencia operativa. Desde entonces, las muestras que requieren análisis completo se envían a laboratorios acreditados en el exterior. El costo sube. El tiempo se alarga. El número de controles posibles baja. «El dopaje no es un problema menor. Es la versión deportiva de la misma falla que permite que las drogas ilícitas circulen.»

Cuando fui ministro del Deporte, priorizamos la recuperación del laboratorio. Viajé personalmente a Montreal para reunirme con los directivos de la Wada. Estuvimos muy cerca de la reacreditación. Firmamos un convenio con la Universidad Nacional para darle independencia operativa, reservamos recursos y entregamos un laboratorio remodelado con inversión en infraestructura y equipos. Impulsamos la Ley 2083 de 2021, que reformó el artículo 380 del Código Penal: el suministro, la administración o la inducción al dopaje pasó a ser delito con pena de 24 a 72 meses de prisión, en línea con las normas de la Wada. También se avanzó en la creación de un Tribunal Nacional Antidopaje. La pandemia suspendió el proceso de reacreditación cuando ya estábamos cerca. Desde entonces, los gobiernos que siguieron no han mostrado la voluntad de cerrar ese ciclo. Esperamos que la nueva ministra lo haga.

Ese trabajo no alcanzó a cerrar el ciclo de acreditación plena. El laboratorio sigue sin el aval completo de la Wada. Las muestras que requieren análisis se siguen enviando al exterior. El costo y el tiempo limitan el número de controles. Las federaciones y los comités cumplen la Ley 845 de 2003 y el Código Mundial, pero sin laboratorio propio el sistema es más lento y más frágil. El reciente positivo en la Copa Libertadores volvió a mostrar el problema: cuando el análisis se hace afuera, la cadena se debilita.

El dopaje no es un problema menor. Es la versión deportiva de la misma falla que permite que las drogas ilícitas circulen: ausencia de detección temprana, de independencia técnica y de consecuencias claras. Un laboratorio propio y acreditado no resuelve el narcotráfico. Sí permite que el deporte colombiano deje de depender de la buena voluntad y del presupuesto de terceros para saber si sus atletas compiten limpios.

La postulación del módulo hematológico es necesaria. La acreditación completa es urgente. Un país que aspira a ser potencia deportiva y que al mismo tiempo lucha contra el narcotráfico no puede permitirse un sistema antidopaje a medias. El control se entrena. Y se entrena con laboratorio propio, con federaciones que cumplen y con datos que no se pueden ocultar.

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