Analistas 08/04/2026

El miedo no es una estrategia

Felipe Salinas
Fundador de Taxflow

Tengo una confesión que hacer: yo también tuve miedo.

No fue al leer un titular alarmista ni en una charla de Silicon Valley. Fue una tarde, viendo Instagram, que vi un video del Foro Económico Mundial: 92 millones de empleos desplazados antes de 2030. Me quedé pensando al respecto un rato y pensé: “nadie está preparado para lo que se viene”.

Y luego busqué en Google el informe completo: Future of Jobs Report 2025. La otra cara de la moneda era igualmente alentadora: la IA generará 170 millones de empleos nuevos en ese mismo período, para un total neto de 78 millones de puestos de trabajo más en el mundo que hoy. Eso cambia la conversación por completo.

Los números que nadie quiere ver completos

El problema del debate sobre IA y empleo es que nadie quiere ver los dos lados al mismo tiempo. Los optimistas solo citan los 170 millones nuevos. Los del apocalipsis solo citan los 92 millones destruidos. Y entre los dos se pierde lo relevante: la imagen completa.

Goldman Sachs estima que la IA generativa va a afectar 300 millones de puestos en todo el mundo. McKinsey dice algo más incómodo todavía: que, con la tecnología que existe hoy -no la del futuro, la de ahora-, ya es posible automatizar 57% de las horas laborales en EE.UU. El 57%. Probablemente no van a desaparecer mañana, de acuerdo. Pero la presión ya está ahí y no va a parar.

¿Cuáles trabajos están en la mira? Los obvios: contabilidad rutinaria (industria en la que está mi empresa empujando), atención al cliente básica, logística. Pero también algunos que la gente no espera: diagnóstico médico de primer nivel, análisis financiero, periodismo de datos. El 41% de los empleadores encuestados por el FEM ya planea reducir personal en roles expuestos a la automatización en los próximos dos años. Ahora mismo. No “en el futuro”.

Esto no es ciencia ficción. Está pasando ahora.
Ya vivimos esto. Y salimos adelante.

Cada vez que llegó una disrupción tecnológica grande, y han llegado varias, los profetas del fin del trabajo se equivocaron. No porque fueran ingenuos, sino porque es humanamente imposible imaginar los empleos que todavía no existen.

En 1995, el acceso a internet en el mundo era de 1%. Para 2005 ya era de 16% global, y en países desarrollados superaba 70%. En esa misma década aparecieron trabajos que en 1995 no tenían ni nombre: desarrollador web, community manager, analista SEO, especialista en ciberseguridad, ingeniero de datos, influencers. Solo en EE.UU., internet generó más de 1,2 millones de empleos directos de alta remuneración en su primera década, sin contar el e-commerce, las plataformas y toda la economía digital que hoy emplea a cientos de millones de personas en el mundo.

La historia se repite. Lo que cambia con la IA no es el patrón. Es la velocidad.

El error que no podemos repetir

Con internet, el mundo tuvo una década para ajustarse. Con la IA, ese margen se comprime drásticamente. Lo que antes tardaba diez años en voltear una industria hoy va a demorarse dos o tres. Y eso cambia el cálculo del riesgo por completo.

El FEM advierte que 39% de las habilidades clave que el mercado laboral exige hoy van a quedar obsoletas o transformadas radicalmente antes de 2030. Cuatro de cada diez cosas que uno sabe hacer, en cuatro años, van a valer menos de lo que valen hoy. No digo esto para asustar. Lo digo porque es el tipo de información que uno debería tener antes de decidir qué hace con su tiempo.

Y, sin embargo, la respuesta más común sigue siendo esperar. Esperar a que las universidades se pongan al día -van cinco años atrasadas, siendo generosos-. Esperar a que los gobiernos regulen -van diez-. Esperar a que la empresa donde uno trabaja defina qué va a hacer; cuando lo definan, ya lo habrán decidido sin uno. Los que más van a perder en esta transición no son los menos inteligentes. Son los que decidieron no decidir.

Una decisión, no un destino

Hay algo que ningún reporte de McKinsey puede decirle a nadie, porque depende exclusivamente de nosotros: la IA no va a definir nuestro futuro. Nosotros somos los que lo definimos. La IA solo va a amplificar la decisión que tomemos hoy, para bien o para mal.

La solución no es volverse un ingeniero de la nasa. Es algo más sencillo y al mismo tiempo más difícil: no quedarse quieto. Que entendamos cómo está afectando la IA a nuestra industria específica. Que empecemos a usar estas herramientas antes de que alguien más las use en nuestra contra. Empezar por lo básico: ChatGPT, Claude.

El aprendizaje continuo ya no es opcional. Es el costo de entrada para seguir siendo relevante. En lo personal mentiría si dijera que tengo todo resuelto. Estoy aprendiendo, y sigo equivocándome. El mayor ciclo de creación de valor económico en décadas está sucediendo frente a nuestros ojos. La pregunta no es si vas a participar en esa transformación.
La pregunta es desde qué lado.

TEMAS


Inteligencia artificial - Trabajos del futuro