Analistas

Crisis con Ecuador

Francisco Barbosa

Lamentable el conflicto diplomático con Ecuador. En los últimos meses se han acumulado problemas de todo orden. En el campo comercial, el vecino país impuso un arancel de 30% a los productos colombianos, justificándolo en la falta de colaboración del gobierno de Gustavo Petro en materia de seguridad. Esta decisión fue respondida por Colombia con medidas recíprocas y la suspensión temporal de la venta de energía eléctrica. El resultado: un golpe al comercio bilateral -que supera US$2.300 millones- y una fractura evidente del sistema de integración andino, hoy en entredicho.

La paz total se convirtió en una postura que beneficia al narcotráfico y ha permitido que múltiples líderes del crimen salgan de la cárcel y regresen a los territorios a liderar sus negocios. Nunca antes se había vivido algo así en el país. Con ese escenario, las fronteras quedaron al garete. En el caso de Ecuador, ese camino llevó a que el país trabajara de la mano con Estados Unidos. De ahí la importancia de la reunión en Miami del pasado 7 de marzo, donde varios expresidentes de América Latina se reunieron con el presidente Donald Trump para construir la estrategia del “Escudo de las Américas”, orientada a coordinar la lucha contra el crimen transnacional y a fijar una postura frente a la influencia china y rusa en la región. En esa reunión, el presidente ecuatoriano estuvo presente; el colombiano, no.

Pero el asunto no ha quedado solo en ese campo. En los últimos días, el presidente Daniel Noboa manifestó que el gobierno colombiano no estaba colaborando en la lucha contra la inmigración ilegal en la frontera ni en la creación de un “corredor humanitario” para atender el flujo migratorio desde Venezuela. Este es otro de los temas más complejos de la relación. Lo cierto es que el gobierno Petro no solo abandonó el control de la frontera ecuatoriana -especialmente en San Miguel (Putumayo) e Ipiales (Nariño)-, sino que también perdió el control de la frontera con Panamá, en el golfo de Urabá y el tapón del Darién. Hoy, Migración Colombia brilla por su ausencia en municipios como Riosucio, Necoclí, Acandí, Capurganá, Sapzurro, Unguía y Turbo.

La reacción de Petro no se hizo esperar: lanzó un bulo sobre un supuesto “bombardeo” de Ecuador en la frontera, en el que presuntamente murieron 27 colombianos, y advirtió sobre la existencia de una bomba en la zona, presumiblemente lanzada por un avión ecuatoriano. Medicina Legal negó la existencia de víctimas y del hecho, y la supuesta bomba está siendo objeto de verificación. La Fiscalía no se ha pronunciado.

Lo cierto es que Gustavo Petro enfrenta una situación compleja: mientras las estructuras criminales están siendo combatidas en el vecino país, en Colombia operan como Pedro por su casa. La presencia del gobierno colombiano en la región se percibe con desconfianza, como quedó evidenciado en la reunión de Miami. Su estrategia de paz total fracasó.

En los últimos cuatro años del gobierno Petro han sido asesinados más de 671 líderes sociales, se han expandido los grupos armados, hay cerca de 300.000 hectáreas de coca sembradas y se ha debilitado la institucionalidad en amplias zonas del país. A tres meses de salir del poder, Petro se ha dedicado en los últimos días a intervenir en política -hecho prohibido en el sistema legal-, a desprestigiar la credibilidad del sistema electoral y ahora a crear una nueva cortina de humo al inventarse un ataque ecuatoriano en la frontera. Definitivamente, cada día más nos parecemos a lo que fue la Venezuela de Maduro. Una calamidad.

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