Mientras aumenta la incertidumbre en Colombia por la proximidad de las elecciones presidenciales y por el carácter confrontacional del presidente Gustavo Petro con las instituciones y con la Constitución de 1991, en Venezuela se está produciendo una revolución cuyo autor principal es el gobierno de los Estados Unidos, liderado por el presidente Donald Trump.
Todos recordaremos el 3 de enero de 2026 como la fecha en la que se desplegó una operación implacable del ejército de los Estados Unidos para hacer efectivas las órdenes de captura contra Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flórez. Hoy responden ante la Corte del Distrito Sur de Nueva York por los cargos que les fueron imputados.
En estos primeros cien días luego de la operación en Venezuela, la situación ha cambiado de forma importante y se ha vivido una transformación institucional inédita, aunque todavía incompleta. La aprobación de una ley de amnistía abrió una señal de distensión política y permitió la liberación de miles de presos políticos, aunque persisten exclusiones. Esto demuestra que la apertura sigue siendo parcial.
En el frente económico e institucional se han impulsado reformas en hidrocarburos, minería e infraestructura para atraer inversión extranjera, con expectativas especialmente en petróleo, privatizaciones y reconstrucción de servicios. Caracas empieza a recibir capital, diplomáticos y empresarios, mientras se habla de modernizar el Estado y aligerar estructuras. Incluso las aerolíneas ya reanudaron rutas entre Estados Unidos y Venezuela. Pero el gran desafío es que esas reformas todavía no se traducen en bienestar para la mayoría de los venezolanos.
Los cambios en cargos de responsabilidad también han estado en el orden del día. La encargada de la presidencia retiró de su cargo al fiscal general Tarek William Saab, quien estaba al frente del ente acusador desde 2017; al ministro de Defensa, Vladimir Padrino, que acompañaba al defenestrado Maduro desde 2016; y a otros funcionarios, entre ellos el ministro de Industrias y Producción Nacional, Alex Saab.
Por último, la recuperación de la relación diplomática con los Estados Unidos le ha permitido a Delcy Rodríguez y a su hermano Jorge, presidente de la Asamblea Nacional, ser excluidos de la lista Ofac por parte del Departamento del Tesoro.
El plan del presidente Trump para Venezuela se estructura en tres fases claramente diferenciadas. La primera, la estabilización. Implica la adopción de medidas rápidas y eficaces para controlar la economía, garantizar un mínimo de orden institucional y establecer un control directo y temporal sobre las exportaciones de petróleo crudo y sus ingresos.
La segunda fase es la recuperación. Supone la reinserción de Venezuela en el sistema financiero internacional, la normalización de sus relaciones económicas y la llegada de inversión extranjera a sectores estratégicos como el energético, la infraestructura y los servicios. Es el momento en el que el país empieza a reconstruir su capacidad productiva y a restablecer su conexión con los mercados globales.
La tercera fase es la transición política. Aquí el objetivo es la recuperación de la democracia mediante la realización de elecciones libres y competitivas. En ese escenario, tanto la oposición interna como la externa deberán enfilar baterías y unirse para hacerle frente a un sector político que ha tenido en sus manos el país durante los últimos 27 años.
El balance es simple, pero ambivalente: hay señales de estabilización y una ventana histórica de recuperación, pero sin garantías plenas de democratización. Las instituciones siguen, en buena medida, en manos del mismo aparato; las libertades políticas son incompletas; y la gran discusión es si la recuperación económica podrá preceder -o incluso sustituir- una transición democrática real.
Lo que está en juego no es solo el futuro de Venezuela, sino el modelo mismo de reconstrucción de un Estado colapsado: si primero la economía o primero la democracia. Y esa respuesta, que hoy parece estarse diseñando fuera de sus fronteras, terminará definiendo si el país sale realmente del ciclo autoritario o si simplemente lo confirma.