Nuevo Congreso
viernes, 13 de marzo de 2026
Francisco Barbosa
Las elecciones del pasado domingo demostraron la vigencia y fortaleza de nuestras instituciones democráticas. El resultado fue un Senado y una Cámara de Representantes diversos, pero con dos fuerzas políticas claramente definidas. Más de 20 millones de votos y una participación cercana a 50% reflejan una ciudadanía activa en medio de un escenario de alta polarización. Por un lado, el Pacto Histórico, que aglutinó a la izquierda, obtuvo 4.413.636 votos, equivalentes a 25 curules; por el otro, el Centro Democrático logró 17 curules con 3.035.715 votos. Entre ambas fuerzas suman 42 senadores de 102. Esa realidad demuestra que, cuando existen líneas ideológicas claras, la política gana coherencia. El resto del Congreso responde a las fuerzas históricas: los partidos Conservador, Liberal, Cambio Radical, Verde y de La U, todos con reducción en su representación.
En el caso de la coalición del partido Mira y el Nuevo Liberalismo, se obtuvieron tres curules, al igual que Salvación Nacional, colectividad que seguramente acompañará al Centro Democrático en el cuatrienio que viene. Comunes, el partido surgido de las Farc, que tuvo cinco curules en el periodo legislativo que termina, no alcanzó ninguna. Esa fuerza acompañó políticamente al gobierno Petro durante estos cuatro años y ya no estará en el nuevo Congreso. En términos políticos, el aumento de cinco curules del Pacto Histórico debe leerse también a la luz de la desaparición de esas cinco curules de Comunes.
La Cámara de Representantes, por su parte, quedó igualmente dominada por las dos fuerzas políticas de izquierda y derecha y por las mismas dinámicas regionales. Allí el Pacto Histórico obtuvo 44 curules y el Centro Democrático 29, lo que consolida a estas dos fuerzas como los bloques más importantes dentro de la corporación. Sin embargo, a diferencia del Senado, la Cámara refleja con mayor claridad el peso de las maquinarias y de los liderazgos regionales. Esto confirma que el mapa político colombiano ha cambiado, pero no se ha roto completamente: las nuevas fuerzas conviven con las estructuras políticas tradicionales.
Los grandes derrotados de esta elección fueron figuras tradicionales como Jorge Enrique Robledo, Lucho Garzón y Angélica Lozano, entre otros. Al mismo tiempo, varios influenciadores lograron llegar al Congreso. Esto demuestra que la política colombiana está viviendo una reconfiguración profunda. Muchos dirigentes con años de ejercicio siguen aferrados a los mismos discursos, mientras los votantes empiezan a recoger nuevas generaciones que entienden la política de otra manera. Temas como el medio ambiente, la protección animal, la defensa de las minorías, los derechos de la mujer y la pluralidad social se han convertido en vectores centrales del nuevo discurso político. La falta de sintonía cultural y social de algunos sectores tradicionales los ha ido alejando de la realidad. Esa voz se escuchó en las urnas. Sin embargo, sigue existiendo la compra de votos y el clientelismo en algunas regiones del país.
De nuevo, la silla vacía será parte del debate público. En los últimos días, la Sala de Instrucción de la Corte Suprema de Justicia tomó la decisión de imponer medida de aseguramiento contra dos congresistas recién electos: un senador del Partido Conservador, Wadith Manzur, y una representante a la Cámara, Karen Manrique. Estas decisiones implicarán que las curules no puedan ser reemplazadas por otro miembro del mismo partido. Una sanción contra la estructura partidaria que los avaló.
La conclusión es clara: tendremos un Congreso dividido entre dos grandes fuerzas, muy parecido al actual. Esa división, contrario a lo que muchos creen, no debilita la democracia; por el contrario, puede fortalecer el Estado de derecho al impedir hegemonías y obligar a la deliberación. Con ese escenario, Colombia entra ahora en la recta hacia la elección presidencial de primera vuelta.