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El capital no espera a Colombia

Fredy Vargas Lama

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Hoy, conversando con posibles inversionistas en los alrededores de Nueva York, uno de los grandes centros mundiales del capital, volví a una pregunta que Colombia debería hacerse con urgencia: ¿por qué alguien decidiría invertir miles de millones de dólares en nuestro país y no en otro?

El capital tiene una característica incómoda: puede escoger. Busca oportunidades y retornos, por supuesto, pero también reglas claras, estabilidad, talento, infraestructura y confianza. Confianza en que las condiciones fundamentales no cambiarán a mitad del camino. Por eso la inversión no llega por casualidad. Y tampoco llega solamente por hacer un buen roadshow. Hay que construir las condiciones para que llegue.

Y Colombia la necesita. La Ocde muestra la magnitud del problema: antes de la pandemia la inversión representaba alrededor de 23% del PIB; en 2023 había caído a 17,8%. La misma organización señala que para alcanzar siquiera un crecimiento potencial cercano a 3% se requiere una tasa de inversión de al menos 20%. Si el gobierno aspira a llevar el crecimiento hacia 6%, será muy difícil lograrlo sin una recuperación mucho más profunda de la inversión, junto con mejoras en productividad, capital humano e infraestructura.

Algo ya se está haciendo. ProColombia viene estructurando proyectos y conectándolos con capital: en la Macrorrueda de las Américas 2026, 37 empresas presentaron iniciativas ante 26 inversionistas y 73% de ellas despertó interés de al menos uno. Es positivo. Pero no es suficiente. El reto de fondo es mayor: Colombia tiene que volver a convertirse en una decisión de inversión.

Primero, hay que hacer un mapa nacional, rápido y realista, de oportunidades verdaderamente invertibles. No otra lista de sectores prometedores, sino proyectos concretos con escala, retornos, riesgos, permisos, tiempos y responsables. Hay quick wins en infraestructura, energía, agroindustria, turismo, tecnología y servicios. Hay que encontrarlos, estructurarlos y salir a buscarlos. Porque las primeras inversiones exitosas pueden abrirle la puerta a muchas más.

Segundo, hay que devolver predictibilidad al largo plazo. Una inversión que se recupera en 10, 20 o 30 años necesita estabilidad jurídica, regulatoria y tributaria. Pero necesita también la convicción de que las reglas esenciales sobrevivirán al siguiente ciclo político. No nos ayudan la polarización extrema, los cambios abruptos de rumbo ni la posibilidad permanente de volver atrás. Colombia necesita acuerdos básicos sobre inversión y desarrollo que trasciendan gobiernos.

Hay experiencias regionales que vale la pena mirar. Perú ofrece convenios de estabilidad jurídica; ProInversión reportó 1.071 acuerdos suscritos entre 1993 y el primer semestre de 2024, asociados a compromisos por US$32.000 millones. Argentina creó el Rigi, que contempla estabilidad tributaria, aduanera, cambiaria y regulatoria por 30 años para proyectos que cumplan sus condiciones. No propongo copiar. Propongo estudiar qué funciona, qué no y qué podría adaptarse a Colombia.

Tercero, hay que quitar barreras. Durante décadas hemos acumulado trámites, permisos, regulaciones y competencias superpuestas. Algunas protegen intereses públicos esenciales y deben permanecer. Otras están allí por acumulación, inercia administrativa o porque alguna vez protegieron mercados que hoy necesitan competir. Hay que revisarlas una por una. Para hacerlo se necesita un responsable de primer nivel, cerca del presidente y el vicepresidente, con un equipo potente y capacidad real para coordinar entidades y destrabar proyectos.

Cuarto, atraer inversión tiene que convertirse en una misión nacional público-privada. ProColombia es fundamental, pero esto no puede quedar solamente en manos de una agencia. Necesitamos un gran esfuerzo Invest in Colombia, articulando Presidencia, Vicepresidencia, Hacienda, Comercio, DNP, regiones y sector privado. Y tiene que empezar arriba: reuniones uno a uno con los mayores inversionistas del mundo, seguimiento personal y relaciones construidas durante años. Si queremos competir por el gran capital, ese es el nivel.

Y hay un quinto punto: esto no puede durar lo que dure un gobierno. Se necesita una estrategia de corto, mediano y largo plazo, con responsables, metas e indicadores, coordinada desde un verdadero centro de gobierno. Educación, infraestructura, logística, energía, seguridad, capacidad institucional y productividad tienen que apuntar hacia un mismo norte: hacer de Colombia uno de los mejores lugares de América Latina para invertir y construir futuro.

Tenemos con qué. Colombia tiene ubicación, talento, biodiversidad, empresas sofisticadas, acceso a mercados y oportunidades que el mundo necesita. Pero tener potencial nunca ha sido suficiente. Hay que convertirlo en confianza, proyectos y decisiones de inversión.

Hoy hay muchísimo capital buscando dónde construir el futuro. La pregunta no es si ese capital existe. La pregunta es qué vamos a hacer para que escoja a Colombia.

Porque el capital no espera a Colombia. Somos nosotros quienes tenemos que hacer de Colombia un país imposible de dejar pasar.

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