Entre EE.UU. y Asia-Pacífico: la doble apuesta exterior de Colombia
miércoles, 25 de marzo de 2026
Fredy Vargas Lama
Hace unos días, caminando por Lima, volví a pensar en algo que me ronda desde hace tiempo. A veces los países, como las personas, se acostumbran a mirar siempre hacia el mismo lado. En nuestro caso, durante décadas, Colombia ha mirado al norte con razón: allí han estado buena parte de nuestras oportunidades, de nuestros referentes y de nuestras prioridades internacionales. Pero al recorrer una ciudad del Pacífico latinoamericano, al escuchar conversaciones sobre comercio, puertos, inversión, Asia y cadenas de valor, resulta inevitable hacerse una pregunta más amplia: ¿no ha llegado ya el momento de que Colombia mire con mucha más decisión hacia el otro lado del mapa?
Esa pregunta no es retórica. Es estratégica. Y debería importar sin distinción de partidos. No importa quién gane las próximas elecciones: Colombia necesita pensar sus relaciones exteriores en clave de largo plazo, no solo para la diplomacia, sino para nuestras empresas y para nuestra gente.
Durante décadas, la gran relación internacional de Colombia ha sido Estados Unidos (EE.UU.). Y seguirá siéndolo. Sería un error desconocerlo. Por comercio, inversión, seguridad, vínculos históricos y peso político, Washington continuará siendo una referencia central para el país. Pero una nación seria no reemplaza una relación por otra: las complementa. Por eso, el próximo gobierno debería asumir una estrategia de doble relación: fortalecer el vínculo indispensable con EE.UU. y, al mismo tiempo, profundizar mucho más nuestra proyección hacia Asia-Pacífico.
Allí está, a mi juicio, uno de los grandes temas del futuro colombiano.
Asia-Pacífico ya no es una periferia lejana. Es uno de los grandes centros de gravedad de la economía mundial. Y para Colombia no debería ser solo un concepto geográfico, sino una prioridad económica. Hablar de Asia-Pacífico es hablar de innovación, manufactura, comercio, puertos, inversión, tecnología, consumidores emergentes y nuevas cadenas de valor. Es hablar, en el fondo, del espacio donde se están moviendo muchas de las oportunidades del siglo XXI.
En ese marco, Apec merece un protagonismo especial. No solo por su dimensión económica, sino por su valor político y estratégico. APEC reúne a las principales economías de la cuenca del Pacífico y tiene una característica única: es uno de los pocos foros relevantes donde coinciden, al mismo tiempo, EE.UU. y China. En un mundo tensionado por la rivalidad entre grandes potencias, ese hecho por sí solo vuelve a APEC un espacio de enorme importancia. Estar más cerca de esa conversación no sería un gesto simbólico: sería una decisión inteligente de posicionamiento internacional.
Y Colombia no debería mirar este tema en solitario. Perú, Chile y México, nuestros socios de la Alianza del Pacífico, ya son miembros de Apec. Eso significa que el país no parte de cero. Tiene aliados cercanos, socios naturales y una plataforma regional que nació, justamente, con la idea de proyectarse hacia Asia-Pacífico. Allí hay una oportunidad concreta para coordinar esfuerzos, aprender de experiencias vecinas y construir una agenda internacional más ambiciosa.
La relación con ASEAN también debe contar, aunque dentro de una visión más amplia del Asia-Pacífico. El sudeste asiático representa dinamismo económico, expansión de mercados y aprendizaje productivo. Pero el gran objetivo estratégico para Colombia debería estar en consolidar una presencia mucho más seria en la conversación transpacífica, con APEC como horizonte central. Ese debería ser uno de los consensos fundamentales del próximo gobierno. La discusión no es si Colombia escoge entre EE.UU. y el Pacífico. La discusión es cómo logra hacer mejor ambas cosas al mismo tiempo. Cómo fortalece su vínculo histórico con Washington y, a la vez, amplía su presencia en el Asia-Pacífico.
La política exterior colombiana del futuro no se medirá solo por discursos ni por afinidades ideológicas. Se medirá por su capacidad de abrir mercados, atraer inversión, conectar empresas y ampliar oportunidades reales. Colombia no necesita pelear sus relaciones. Necesita sumarlas inteligentemente. Y hoy, pensar en largo plazo, significa mirar mucho más hacia el Pacífico.