Tribuna Parlamentaria 20/02/2019

¿Y de la pequeña empresa qué?

Gabriel Velasco
Senador

La agenda pública actual está centrada en la discusión del Plan Nacional de Desarrollo que establecerá la hoja de ruta del Gobierno para los próximos cuatro años. Celebramos que este plan haya asumido el reto de trazar el camino hacia una Colombia con mayor equidad, legalidad y emprendimiento.

Desde el punto de vista empresarial estos tres elementos son claves. Sin embargo, es importante analizar a profundidad el Pacto por el emprendimiento y la productividad, que resulta estratégico para promover y consolidar a la empresa - de todos los tamaños y sectores - como el motor del desarrollo social y económico de nuestro país.

Es indudable que la actividad empresarial ha venido creciendo muy por debajo de su potencial; para cambiar esto y retomar un ritmo de crecimiento sostenible debemos hacer muchos esfuerzos en materia de competitividad país y en la productividad de las empresas. Estos dos aspectos, que son recogidos de alguna manera en el plan, requieren de una combinación de esfuerzos e instrumentos de política pública a nivel nacional y territorial.

El plan recoge muchas estrategias que buscan potenciar un entorno favorable a la creación y consolidación de un tejido empresarial sólido y competitivo. No obstante, en materia de productividad se reflejan muchas diferencias entre las empresas, dependiendo del sector y sobre todo del tamaño, que hacen que el impacto de las estrategias pueda verse disminuido o no aprovechado en su totalidad. Esto se explica porque las empresas más pequeñas son las que tienen más dificultades y las que por sus condiciones particulares, les perjudica en mayor medida todos los problemas a los que se enfrentan los empresarios y que son diagnosticados en las bases del plan.

Existen otros asuntos que se le dificultan más a las Pyme, como lo son el acceso a información de mercados. Los trámites son un cuello de botella en donde se podría manejar costos diferenciados. Por último, el acceso a financiamiento acorde a la realidad de las empresas en cuanto a formas de pago, apalancamiento y riesgo, hoy es su mayor dificultad.

Más allá del emprendimiento y la necesidad de impulsar nuevos sectores, pareciera que nos olvidáramos que ya existen o sobreviven muchas pequeñas empresas, que representan el 94,7% del tejido empresarial y concentran 71,4% del empleo formal y 30% del PIB. Lo anterior implica la necesidad de generar instrumentos de apoyo diferencial con incentivos que no generen dependencia y estancamiento, sino que faciliten mejorar en productividad, modernización tecnológica y ampliación de capacidad productiva. De poderse materializar esta estrategia, les permitiría crecer en tamaño y llegar a mercados internacionales.

Normalmente, esta pequeña empresa ha sido descuidada por los gobiernos y en este sentido queremos señalar la importancia que haya una política diferencial en materia de desarrollo productivo. Confiamos que en este Plan Nacional de Desarrollo quede incluido un apoyo decidido para impulsar la pequeña y mediana empresa y hacer que su crecimiento se refleje en mayor desarrollo social y económico.

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