Analistas 03/02/2026

Alemania como laboratorio adelantado del café global

Germán Bahamón
Presidente de la Federación Colombiana de Cafeteros

Hace pocas semanas tuve el honor de ser invitado por la Asociación Alemana del Café a su congreso anual. No fue una reunión más del sector: fue un ejercicio de lectura del futuro. Alemania no es un mercado cualquiera. Es, desde hace más de seis décadas, uno de los grandes termómetros del consumo mundial. Este mismo medio económico registraba en 1974 cómo Alemania ya era entonces el segundo receptor de café colombiano en el mundo, solo por detrás de Norteamérica. Desde 1963, esa ha sido la constante. Por eso lo que hoy ocurre en Alemania rara vez se queda en Alemania: suele anticipar lo que más tarde ocurre en Europa y en el mundo.

Ese dato histórico no es menor cuando se mira el presente. Durante años, Colombia había perdido terreno en el mercado alemán, presionada por una competencia feroz en precio. En los últimos tres años emprendimos una reingeniería profunda de nuestras oficinas comerciales en el exterior, enfocada no en administrar inercias, sino en leer dinámicas locales, detectar oportunidades reales y capturar valor. El resultado es concreto: pasamos de tener apenas 2,1% de participación en las importaciones alemanas en 2021 a 7,47% en 2025. No es una cifra; es una señal. Significa que Colombia volvió a entrar en la conversación relevante del consumidor alemán.

Lo que encontré en Berlín confirma que Alemania está atravesando una transformación estructural en la manera como consume café. En 2025, el consumo total crece alrededor de +4%, pero el valor de ese mercado se expande más de +15%. No es inflación disfrazada: es premiumización. El consumidor no está reduciendo su hábito; lo está sofisticando. Y ese cambio ocurre, sobre todo, en el hogar. Más del 80 % del café en Alemania se consume hoy puertas adentro, impulsado por una nueva generación de máquinas que ya no buscan solo conveniencia, sino experiencia.

El mercado de máquinas domésticas volvió a niveles de 2019 y crece en valor, aunque los precios promedio de los equipos han bajado para acelerar su penetración. La paradoja es reveladora: las máquinas se hacen más accesibles, pero el café que utilizan es cada vez más exigente. El verdadero motor de crecimiento está en los equipos de gama alta que usan café en grano, especialmente en las máquinas de espresso semiprofesionales para el hogar. Está naciendo con fuerza un consumidor que no quiere un café rápido, sino un café bien hecho, preparado con criterio, con ritual, con conciencia de origen. Alemania lo llama el “prosumer”. El mundo lo verá pronto.

Esa misma lógica se refleja en el canal retail. Aunque el volumen total de café en supermercados retrocede ligeramente, el único segmento que crece con fuerza tanto en volumen como en valor es el café tostado en grano. De hecho, se ha convertido ya en el segmento más grande del mercado alemán. Por primera vez en la historia moderna del país, el café en grano supera al café molido en participación del consumo.

Las cápsulas, pese a años de marketing agresivo, no logran despegar más allá de un nicho. El café soluble permanece estable, cumpliendo su función. Pero el mensaje es inequívoco: el consumidor alemán quiere ver, oler y moler su café.

Fuera del hogar ocurre algo igual de interesante. El 70% del café que se vende en cafeterías, estaciones y cadenas es consumo “grab & go”, lo que confirma que el café se consolidó como un hábito diario irrenunciable. McCafé lidera ampliamente, seguido por Tchibo y Coffee Fellows. Pero bajo ese modelo están emergiendo nuevas fuerzas. Pequeños tostadores y cadenas boutique están capturando una franja joven, urbana y de alto poder adquisitivo que busca algo más que una bebida: busca identidad.

En ese terreno aparecen modelos como LAP, una cadena que en pocos años ha abierto más de dos decenas de tiendas, principalmente en Berlín, con un crecimiento que no responde a modas sino a una lectura fina del cambio sociodemográfico. La mayoría de sus clientes son mujeres entre 18 y 44 años; más del 80 % pertenece a las generaciones millennial y Z. Es el corazón del consumidor futuro. Lo que estas marcas están entendiendo es lo que expertos describen de manera contundente: los gustos premium están dejando fuera del juego a las cadenas tradicionales de café en las grandes calles comerciales de Europa. Nuevos actores, más ágiles, más auténticos, están capturando a un público joven que gasta más y exige más.

Algo similar ocurre con Coffee Circle, una empresa que combina tostión de alta calidad, venta directa online y modelos de suscripción, construyendo una relación permanente con el consumidor, apalancada en una narrativa creíble de impacto social y trazabilidad. Es el café convertido en plataforma de vínculo, no solo en producto.

Cuando se observa todo el ecosistema alemán, el mensaje es claro. El mundo del café se está adaptando a una nueva realidad de precios más altos, pero también de mayor valor. Europa y Norteamérica están demostrando algo fundamental: el consumidor está dispuesto a pagar más por un café mejor. Defiende su hábito porque entiende que es una bebida saludable, placentera y culturalmente significativa. Y cuando el consumidor paga más, el productor recibe un precio más justo, y toda la cadena se fortalece.

Por eso, aunque persistan voces especulativas que buscan presionar a la baja los precios en la bolsa, la realidad económica es otra. El consumo sigue creciendo, la oferta enfrenta presiones estructurales por clima y costos, y la sostenibilidad del caficultor se vuelve condición indispensable para la salud de toda la industria.

Alemania, una vez más, no solo está mostrando lo que ocurre, sino lo que viene. Y para quienes sabemos que el futuro del café se construye hoy, ese es un mercado que hay que mirar con mayor atención.

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