Analistas 17/09/2026

Albores industriales y morales

Germán Bolívar-Blanco
Analista y consultor

Chévere entender la historia concienzudamente, sin apasionamiento ni sesgo partidista, contada conforme Walter Benjamin tras “pasar el cepillo a contrapelo”, después de cuestionar la versión oficial dada de forma parcializada por los ganadores del pasado, para incorporar la versión de los perdedores del poder y la moral en la búsqueda de establecer la genuina verdad.

Así Benjamin distingue entre el método del historicista tradicional fundado en la narrativa gubernamental, se identifica con el régimen y defiende esa cara de la moneda, contrapuesto al historiador materialista o crítico que acude a mirar y analizar ambas caras de la moneda para fijar posiciones objetivas.

Con esta visión se escribió el libro “Historia de las ideas políticas en Colombia” (2008), un trabajo académico que sin instrumentalizar muestra la realidad de éste crucial asunto y me sirvió para exaltar la virtud de estadista de Rafael Núñez expuesta en el artículo “Esperanza, Dolor y Solidaridad”.

Después hubo otra opinión con tinte historicista contra esta insigne figura que además reconozco como forjador de las bases que sustentaron la industrialización al poner en orden nuestra primera gran industria, la banca.

Otro libro “Nuestra historia contada a partir del Caribe colombiano”, escrito por Carlos Rodado Noriega (2026), relata que Núñez dado el privilegio de los bancos privados de emitir billetes convertibles en oro con poca regulación y el bajo control en la tasa de interés y de cambio; veía con preocupación este problema antes de la primera crisis bancaría del país en 1875. Así promovió el primer banco central, el Banco Nacional (1880), como premonición de “crear un banco oficial con capacidad de inyectar una liquidez adecuada a la economía, y servir como entidad reguladora de la política monetaria”.

Al final del siglo XIX el sector real lo componían pequeños y medianos artesanos, con terratenientes productores de café, azúcar, tabaco, algodón, cereales y caucho. La gran manufactura la inició el mandato de Carlos E. Restrepo (1910-1914), con promoción a la inversión extranjera, pragmatismo empresarial y estabilización financiera, que reestableció la confianza internacional en el país; aunque despegó principalmente gracias a las políticas de fomento y protección arancelaria que implementó el gobierno del Pedro Nel Ospina (1922-1926).

El historicista aludió lo religioso que Rodado aclara porque “Núñez consideraba la pelea de las dos potestades, la civil y la eclesiástica, una confrontación irracional que le hacía mucho daño a la tranquilidad ciudadana y a la paz pública. Y cuando observaba la realidad colombiana, con inmensa mayoría católica, no le parecía lógico que los liberales le decretaran la guerra a una religión que debían considerar como elemento esencial. Pero los radicales, …, siempre se solazaban adoptando medidas que afectaban a la religión católica”.

Además, los fanáticos del laissez-faire y sus adeptos jamás valoran el aporte de Núñez para reconstruir el país que los radicales con la Constitución de 1863 dividieron en nueve Estados cada uno con régimen electoral y ejercito propio, así por represalia detonaron la guerra de los mil días.

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