Todos queremos milagros sociales y económicos, pero para que haya milagros, antes se requiere de transformaciones, porque transformar positivamente las circunstancias es el único camino generador de milagros. Lo vemos ahora claramente con la transformación en la política de seguridad, convertida en genuino milagro por los prontos y claves resultados frente al crimen organizado.
Lo anterior ejemplariza el buen camino adelantado por el tigre en esa gestión, para la cual tiene el apoyo incondicional de las fuerzas vivas de la nación. Ahora bien, hay otros asuntos internos que merecen miradas transformadoras que, con esa visión, trasciendan a la agenda externa para ejecutar la diplomacia transformadora que corrija desequilibrios internos y externos.
El orden imperante en el contexto geopolítico internacional demanda enfoques holísticos que respondan de la mejor forma a las necesidades nacionales para salir del atraso y dependencia en muchos frentes, claramente determinados en las cifras, en particular relacionadas con el balance externo; los aberrantes déficits en cuenta corriente y comercial, en especial el último el más alto en la historia y con mayores riesgos y efectos negativos.
Los anteriores males externos están por solucionar para mostrar milagros reales, el resto es solo demagogia, populismo y retórica vacía, propia de nuestra condición. Al respecto una entrega sustantiva para esa mirada integral la dio la Cepal con el maravilloso informe “Rupturas y oportunidades: propuestas para que América Latina y el Caribe prospere en la nueva era geopolítica” (2026).
Parece indicar que importan las posiciones asertivas, disruptivas y transaccionales ante los determinantes de mercado para beneficiar a la nación, donde la auténtica innovación en lo público y privado marca la diferencia, de ahí la relevancia de los incentivos que cierren brechas y guíen al avance y dominio de la frontera del poder hacer, con urgente necesidad en desarrollar nuevas capacidades proclives a la sociedad inteligente.
Dos caminos, seguir con más del mismo cortoplacismo insuficiente o transformar las anquilosadas instituciones, es decir las obsoletas reglas de juego existentes, la lógica prevaleciente los últimos cuarenta años que nos tiene mal o cambiar a la nueva lógica propuesta por Mark Carney que llama a reconsiderar el rol de las potencias intermedias en el nuevo reordenamiento mundial, siendo Colombia junto a Latinoamérica y el Caribe, actores claves.
Con discurso veintejuliero no tendremos milagros, estos se producirán sí y solo sí, hay transformaciones reales que traducidas al plano internacional estarán no solo al solucionar déficits externos, sino en transformar capacidades productivas que nos aproximen y brinden algún día con los aliados debidos, la merecida soberanía científica y tecnológica; algo por pensar seriamente.
Éxitos a las oportunidades de la “semana milagro”, pero lo crítico está al estimular la inversión en nuevas capacidades estratégicas para la transformación productiva, en sectores que merecen tratamiento diferenciado que compita con las mejores prácticas mundiales según los incentivos de países pares exitosos. Todo está por hacerse.