Analistas 22/10/2026

El quid del asunto

Germán Bolívar-Blanco
Analista y consultor
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¿Por qué el atraso y las dependencias en Colombia, si tenemos todos los recursos para ser una genuina potencia, con talento creativo, una naturaleza exuberante y rica, y una privilegiada posición geográfica? La respuesta se relaciona íntimamente con la autosuficiencia de la dirigencia política de los últimos 30 años, que, presa de las capturas de los grupos de interés locales, solo responde a estos.

Es un tema cultural, impregnado de seguidores de caudillos e ideologías, que cada día le cobra esa costosa factura a la sociedad. Priman los demagogos sobre los estadistas en un régimen presidencialista cuasimonárquico que, aunado a las acuciantes exigencias de corto plazo, atiende a medias las demandas de los intereses creados, lo que deriva en una grave falta de miradas y soluciones integrales.

Así, el hiperpresidencialismo es, en gran medida, el origen de nuestras desgracias: llevó a la relación transaccional con el Congreso que lo caracteriza e hizo metástasis como fuente de una corrupción que asola y nos tiene para atrás en todos los planos sociales, comenzando por la educación, tan maltratada por su sindicato de docentes, que desvirtuó su función en lugar de dignificarla.

Con el gobierno del Tigre albergamos la esperanza de independencia, al provenir de una estructura ciudadana lejana de las costumbres politiqueras y contar con gran respaldo popular por su ejercicio de mano dura contra el crimen y las mafias, convertida en piedra angular de su mandato, que aplica con vehemencia. Pero cambiar el esquema instrumental con el Congreso por uno en el que prime la nación es otro cantar.

Es ahí donde la forma pesa tanto como el fondo, cuando el contenido, la ética y la estética definen los rumbos, sin más interés que el bienestar general, el cual parte del rigor, la transparencia y la humildad del Ejecutivo, fundamentales para conciliar y sacar adelante las iniciativas que mejor respondan a las demandas ciudadanas, sobre lo que actualmente hay demasiado claroscuro. No es sencillo asumir una sabiduría libre del orgullo de no mostrar debilidad, y es ahí donde el presidencialismo monárquico tropieza fácilmente, sea por la arrogancia propia de un superpoder mal entendido que aísla de la realidad o por la tentación de ceder a pretensiones y negociados con los más hábiles y osados congresistas; este es el neurálgico dilema al que se enfrenta el presidente De la Espriella. Para no dejarse atrapar por esto, el gobierno del Tigre necesita transitar de la demagogia y la retórica vacía a la acción guiada por el análisis crítico y por fuera de la caja, útil para liberarse de perversas capturas y conducirse hacia soluciones innovadoras e idóneas en todos los quehaceres de la función pública, en todas las ramas del poder, concentrado en cerrar brechas y poner al día a todo el país.

Los canales de comunicación parecen no fluir como es conveniente, pero apenas estamos empezando una jornada esperanzadora que, para que genuinamente se traduzca en milagros, requiere antes transformaciones personales y gubernamentales, en especial de aquellos formatos rígidos que urge cambiar.

Es clave transitar de la soberbia del hiperpresidencialismo a un genuino gobierno de Estado. El Tigre hace lo que puede, pero necesita transformar esto.

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Abelardo de la Espriella - Congreso - Colombia