Analistas 26/08/2026

Esperanza, dolor y solidaridad

Germán Bolívar-Blanco
Analista y consultor

El tiempo pasa rápido, realidad incuestionable. Así lo vivimos los primeros diez días de este mes, llenos de acontecimientos que marcarán el destino nacional durante los próximos años, tal vez décadas. Las circunstancias no han sido menores, y conforme las enfrentemos, servirán para que todos pongamos de nuestra parte y, ante todo a futuro, todos ganemos.

Comenzamos con la esperanza viva porque estaba a punto de cesar la horrible noche, y así fue: el 7 de agosto se posesionó el presidente Abelardo De la Espriella en una ceremonia revestida de simbolismos valiosos que nos brindaron pertenencia, luz y a la vez trascendencia como ciudadanos, y que nos abren las puertas para servirle al supremo interés nacional.

Se inició así el gobierno de y para la patria milagro, basado en la combinación virtuosa de dos elementos sustanciales que le auguran exitosa gestión. Primero, el llamado ecuménico a la sabiduría para gobernar, la cual abre caminos de discernimiento ético para las decisiones difíciles, alienta la búsqueda del bien común y unión sin ideologías, y prioriza la justicia con el servicio social. Segundo, la fundamentación doctrinaria acertada que parte de reconocer el legado de Rafael Núñez, tal vez el estadista más importante del país por sus aportes para la paz, el orden, el peligro del capitalismo y el socialismo, la anarquía y la falta de autoridad. Fue gestor del movimiento de la Regeneración que le brindó las bases a la Constitución de 1886, determinadora positiva de nuestra historia por más de cincuenta años. La ilustre consigna “regeneración administrativa fundamental o catástrofe” de Núñez fue magistralmente puesta en contexto ante la situación actual por el presidente De la Espriella, quien, a más de 140 años, reconoció la prevalencia de este valioso legado al ejecutar su mandato, prenda de garantía para la nación, de la Colombia profunda y sus territorios, hasta las grandes urbes. Igualmente exaltó las ideas de quien llamó “el maestro”, Álvaro Gómez Hurtado, y deja claro que su influjo está presente en el contenido programático del gobierno de la patria milagro, por iniciarse independiente del régimen y dejar entrever que apelará a que en Colombia “existe mucho más conservatismo que partido”, sabia sentencia del maestro.

Pero la dicha del nuevo mandato se evaporó pronto por el fatídico terremoto de magnitud 7,4 en la escala de Richter del 10 de agosto que sacudió el occidente del país y afectó severamente a Cali, Pereira y Manizales. Así llegó el dolor, duelo y luto que al 21 de agosto deja 314 fallecidos, 4.187 lesionados y 262 desaparecidos.

La Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres contabiliza 5.809 viviendas perdidas, más de 80.000 con averías graves, 302 edificios colapsados, 3.470 centros educativos y 352 de salud afectados, y daños en 87 acueductos. La respuesta solidaria del pueblo colombiano no se hizo esperar y desde todos los rincones del país se realizan actividades de apoyo a los damnificados. Sin distingo de condición, todos quieren contribuir, dando cuenta de una hermandad que, con la valiosa cooperación internacional y la diligente labor del gobierno nacional, potenciarán las ayudas para salir adelante e ir más allá.

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Abelardo de la Espriella - Terremoto