Analistas 28/05/2026

Salir de lamentos y mentiras

Germán Bolívar-Blanco
Analista y consultor

Más de media humanidad vive entre lamentos y mentiras, abusando de minorías que salieron de esa opresión y luchan por la verdad, la libertad y la paz genuinas, para auténticamente construir un mundo mejor para todos, sin élites excluyentes que dicen trabajar por el bien común, pero lo único que buscan son privilegios y apropiarse del poder para imponer ideologías propias de extremos políticos, en sí dañinas por naturaleza y esencia y, como tales, consideradas cárceles de lamentos y mentiras.

Es fácil cautivar, sensibilizar y ganar adeptos con narrativa y expresión de dolor profundo; quejarse para contaminar con miedo, oscuridad y tristeza maniquea, resultante sea de la pobreza por la riqueza, instrumentalizada con discursos cargados de motivos contra el establecimiento, lo que sucede en corrientes con acento progresista tendientes al comunismo, así como con visión inversa en alas libertarias radicales del Estado mínimo, sin intervención en la economía.

No es secreto que estamos ante un régimen mentiroso que busca perpetuarse. Tampoco se desconoce que nuestro país y la región, desde todas las orillas del amplio espectro político, llevan más de 50 años dando patadas de ahogados para salir de la “trampa del atraso (Cepal)” sin encontrar camino para ello; ni siquiera colosos como Brasil y México, que pudieron haber cerrado brechas como sí lo hicieron países pequeños, por ejemplo: Polonia, República Checa, Malasia y Vietnam.

De los cuatro casos antes reseñados, en diferentes subcontinentes -Europa central y sudeste de Asia-, tres provienen del declinante comunismo e hicieron bien la transición a democracias, sacando a sus pueblos del subdesarrollo con notables avances. En nuestro caso, al igual que Brasil y México, seguimos privilegiando países comunistas y Estados fallidos como Cuba, Venezuela y Nicaragua, al apoyar sin fundamento doctrinas que mantienen en condiciones deplorables a su gente.

Ni hablar de Argentina, ejemplo del fracaso del modelo libertario latinoamericano. Acá tenemos de candidato a un político en ciernes, sin experiencia en lo público, que busca emular tal experiencia y la de El Salvador, de entrada cuestionables.

El termómetro central del desarrollo económico y social está en el desempeño industrial, y las cifras del Dane no mienten. El Índice de Producción Industrial desde 2022 hasta marzo de 2026 muestra una caída de -0,6%, pese al crecimiento del primer trimestre de este año de 2,4%, rebote resultante de la tendencia negativa en 2023 de -3,2%, en 2024 de -0,3% y en 2025 de -0,2%.

Otro guarismo no mentiroso es la población ocupada en la industria, que en 2022 tenía 2.440.000 empleados y a marzo de este año eran 2.390.000 trabajadores; de ahí se perdieron 50.000 puestos de trabajo en este gobierno, que debilitó la capacidad empresarial para generar empleo industrial y exalta el aumento de 1,9% en 2025 con áulicos demagogos que confunden con sofismas.

De ahí acompaño a Paloma Valencia en su aspiración a la Presidencia, la mejor opción: avezada política, seria, rigurosa, estudiosa y comprometida con solucionar la problemática nacional, conocedora de lo público, pero, sobre todo, garante del Estado Social de Derecho proclamado en la Constitución Política.

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