El incendiario

Germán Bolívar Blanco

Lo dicho por Gustavo Petro en algunos medios de comunicación que parecen darle la mano, resulta totalmente desconcertante, al tiempo que preocupante, porque demuestra su incapacidad de asumir bien la derrota en la pasada contienda, al poner de presente de nuevo el espíritu beligerante y subversivo con el que buscará atentar contra la institucionalidad y la estabilidad nacional.

Menciona sin el mayor recato ni vergüenza que concitará permanentemente al fervor popular para que lo acompañe en las calles y la plaza pública a protestar en contra de lo que considera no cumple con sus expectativas, ni forma de ver la realidad, amparado en una votación que estoy seguro en su gran mayoría no comparte las vías de hecho como el camino para solucionar los problemas.

Se equivoca de manera grave con ese lenguaje explosivo e incendiario que, claro, tendrá eco en las minorías violentas que tanto daño han hecho, llámese de izquierda o derecha, en tanto este tipo de liderazgo lo que favorece es que las fuerzas y mafias oscuras traducidas en maldad, crimen y perfidia, sigan enquistadas por actitudes y discursos polarizantes y perversos como el evocado.

La amenaza y confrontación pasional energúmena nunca contribuirá a construir la sociedad que buscamos y merecemos ser, por el contrario, el análisis crítico y argumentado debe ser la base y pináculo para que la oposición gane legitima y auténticamente el poder para convertir en realidad sus ideales, aún de frente y dentro de regímenes adversos, pero racionales como el que creo empezará.

De ahí resultan iluminadoras las palabras del electo Presidente Duque quien, al provenir de esa oposición fundamentada la respeta y valora porque “enriquece el debate y la democracia, pero una cosa es la oposición y otra la destrucción”, que es lo que ha anunciado sin reparo alguno Petro, dada la manera radical como al parecer ha decidido quedar en la historia del país, como el incendiario.

Por eso hago un llamado y solicitud respetuosa, como patriota, a Petro para que realmente apele al “Acuerdo por lo Fundamental” y acoja los principios y valores que caracterizan al Estado Nación, que parten del respeto por las instituciones, pero además para que reconozca que el camino de las reformas benéficas y virtuosas comienza al ganarse el favor social por exaltar genuinamente lo humano.

Colombia no aguanta más caprichos ni personalismos egoístas y mezquinos, por el contrario, aclama y reclama pensar en común, construir colectivamente para mejorar sustancialmente las exigencias sociales y económicas que nos retan y desafían de manera conjunta e integral.

Estamos cansados de huelgas y movilizaciones que han colocado demasiados palos a la rueda en el camino al desarrollo, para eso hay que saber perder y saber ganar, en lugar de incendiar. La grandeza surge o no según se enfrentan las dificultades para cohesionar o dividir por causas comunes o no.

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