Miopía en la productividad

Germán Bolívar Blanco

Bastante se habla sobre productividad, competitividad e innovación, muchas de las veces sin comprender bien el significado ni la diferencia entre estos conceptos y tampoco cómo se complementan al articular un aparato holístico que debe integrar adecuadamente a todos los actores que los gestionan en los distintos ámbitos donde se desempeñan, del local al territorial hasta el nacional y viceversa; sin descalificar y fraccionar un sistema que necesita para su correcta alineación y sincronía, de su interacción permanente y dirigida.

Por eso llama la atención la opinión de algunos analistas, claro está influenciados por el pensamiento sesgado de la academia en nuestro país, que consideran que la innovación científica y tecnológica es un mundo aparte de la competitividad y la productividad, lo cual es a todas luces una mirada impropia al problema. De ahí mi insistencia en abandonar cartillas desgastadas y libretos deteriorados que parten del leguaje usado, junto a las herramientas implementadas, que surgen por ejemplo al denominar el tema “ciencia, tecnología e innovación”, como si la última fuera resultante y no detonante.

Al respecto estimo necesario traer nuevamente a colación el trabajo de Robert Atkinson (agosto 2013) de la Fundación para las Tecnologías de la Información y la Innovación (Itif sigla en inglés), quien realizó un importante aporte para aclarar las distorsiones acerca de la productividad, la competitividad y la innovación, pero también para rescatar sus puntos en común. Una primera distinción tiene que ver con mirar la competitividad como la capacidad de una región para exportar más en valor agregado de lo que importa, contabilizados los términos de intercambio que incluyen los descuentos que dan los gobiernos a las exportaciones, como una moneda artificialmente barata, salarios bajos, disminución de impuestos a las empresas, subsidios directos y las barreras arancelarias y no arancelarias a las importaciones.

Sobre la innovación coincide con la Ocde que la define de manera amplia como “la implementación de un producto (bien o servicio) nuevo o significativamente mejorado, nuevos procesos, formas de comercialización o de un nuevo modelo de negocio, organización del trabajo o de relaciones externas”. Por su parte la productividad es tal vez el término más fácil de definir al resultar de lo producido por unidad de insumo, sean horas de trabajo (productividad laboral), o de todos los factores de producción incluida mano de obra, capital y tecnología (productividad total de los factores). Así las cosas, la innovación incrementa la productividad y ésta a su vez incrementa la competitividad. Sin embargo, acá mantenemos un enfoque a medias y aunque reconocemos que el problema de fondo está en la productividad, no logramos descifrar el enigma al pensar que esto se arregla con pactos nacionales y no soluciones integrales.

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