Analistas 22/09/2020

Chespirito y chibchombia

Germán Eduardo Vargas
Catedrático/Columnista

Tras la apertura de “chillón” Gaviria, el futuro dio la bienvenida a la reapertura. Fantoches, el desgobierno local dio marcha atrás a su retrasado «marchal» [sic], y el nacional tachó (mató) la idea de que el Banco de la República sustentara salvamentos durante medio siglo. Ni transitorias ni excepcionales, sus tragicomedias hacen que pregunte: “ahora, ¿quién podrá ayudarnos?”.

Mientras el Banco de Inglaterra avizora intereses negativos, Bancolombia mantiene infladas las tasas; los «caquitos» depauperan la vulnerada clase media, y condenan a los desempleados a mendigar, como el «chavo»: abandonados por esa adolescente institución cuyas providencias violan derechos fundamentales, y acosados por otra que “chispoteo” el tesoro precolombino (0,4% de las reservas).

Petro parece «chompiras»; así de torpe fue su administración y “sin querer queriendo” terminó como «chaparrón bonaparte», cuyas encrucijadas generan “chiripiorcas” y “garroteras”. «Expropiación petronila», lo mismo sucedió a la sosias de «chimoltrufia»: aquella burgomaestre que “así como dice una cosa dice otra”, y reacciona con agresividad. El elenco lo completa aquel cuya afición por el fútbol postulaba como utilero, «chanfle», aunque su casting demostró que servía de «botija».

En su show viral pide que le digan presidente, e incrédulo responde “gracias, muchas gracias”; «chambón», desinforma sobre las masacres (sociales y laborales) porque su ética y estadística son comodines. Ese «doctor chapatín» olvidó instalar el parlamento que desmontó, y se lavó las manos advirtiendo que ‘75% de la reactivación saldría de bolsillos privados’, mientras los «supergenios de la mesa cuadrada», como chepito, prescriben menos impuestos a quienes impulsen el crecimiento poblacional, de la pobreza y la inequidad.

Contraviniendo a la Ocde (Tax Policy Reforms, 2020), abogan por incentivos retardatarios y exenciones corruptas; despojan sostenibilidad al planeta y secuestran la dignidad de millones, a quienes su estado fallido prohíbe bienes/servicios públicos, o les impone ‘piso de protección social’ para dejarlos sin techo.

Santos entregó el país a quien prefirió sustituir al inventor de chascarrillos (mermelada Echeverri); cero «y-van» 770 días, “no contaban con su astucia” y dijo ‘estamos en reactivación segura’, agregando que una ‘reforma sin retomar la normalidad y senda de crecimiento es una torpeza’: ¿alguna vez la economía de chibchombia no fue primitiva y el incremento de su PIB no fue mediocre?

Lo único que no prohibió durante la pandemia fue la venta de alcohol, para que la salud recibiera recursos. Beodo por tomarse el poder, e inspirado por la seguridad autocrática, conmemoró 200 capítulos de «codependencia» y detonó el Plan Estados Unidos de Colombia, 2.0, sin sembrar alguna versión criolla del New Deal.

Su programa de gobierno desbarató el tejido empresarial, sacó del aire a la «escuelita» y terminará enseñando punto cadeneta. Por el partido sacaron a «chespirito», pues la «bruja del 71» fue guerrillera en la madre patria, y su segundo tiempo pinta peor que el primero, porque hace en Colombia lo que Bartomeu en Barcelona.

A los «chifladitos» que protestan les siguen la corriente, y no «desact-ivan» su remake de aló presidente. Como Chávez, ¿por qué no te callas?

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