Analistas 13/07/2022

Petrificar la Contraloría

Germán Eduardo Vargas
Catedrático/Columnista

Frustrado el Sueño Americano, el «Entretenimiento» sustituyó al «Trabajo» como Factor de Producción, y se globalizó el Realismo Mágico de los arquetipos Influencer (Realities o Redes), Modelo (v.g. OnlyFans) y Capo (Narcotráfico o Corrupción).

La oligarquía normalizó la anarquía en el mercado, y la comisión de fraudes o abusos parece justificada porque «ganga» traduce pandilla. Los pérfidos contrapesos financieros atesoran riquezas inmorales, y el narcisismo impuso moda (https://www.youtube.com/ watch?v=arJLy3hX1E8). A propósito, ¿cuán propenso o permisivo es Usted, y su Empresa, hacia el fin del bien común y la manipulación como medio?

Desde la Gran Recesión, las corporaciones «supremas» empezaron a declarar que no sólo abogarían por los accionistas; sin embargo, el Gran Confinamiento demostró que siguen ignorando a los demás grupos de interés y evadiendo responsabilidades (Illusory Promise of Stakeholder Governance, 2020).

Condicionando la debida diligencia o inhibiendo la retroalimentación, los procesos de selección y bonificación de talento reforzaron la sumisión y el riesgo moral. De hecho, los candidatos fingen tanto como los empleados, quienes inicialmente parecen atentos, pero finalmente son hostiles o distantes, incluso con los clientes.

Así mismo, quienes por oficio deben vigilar o juzgar desarrollan sesgos de sospecha que fallan tanto como los «crédulos» (Applied Cognitive Psychology, 18/12/2020). Y los demás empleados cultivan la internalización o el autoengaño para proteger su imagen (soy buena persona, mi empresa es modélica), limpiar su conciencia (no fue mi culpa, hice lo que ordenaron), y persuadir a sus colegas o clientes.

Quizás identifique en su rutina alguno de los siguientes experimentos. Primero, aprovechaban una oportunidad de arbitraje haciendo trampa en una evaluación; orgullosos, aseguraban ser tan inteligentes como reflejaba el resultado (Temporal view of the costs and benefits of self-deception, 2011). Segundo, dado que ganarían comisiones por asesoría si vendían productos específicos, renunciaban a recomendar la mejor opción para sus clientes; igual, juraban que su comportamiento era íntegro (Bribing the self, 2020).

Ambas investigaciones reflejan a las Big Four, multinacionales de consultoría, auditoría y abogacía, que han protagonizado escándalos por «violar» reglas y «trabar» las pesquisas. A propósito, el presidente Petro debería prohibir o limitar la contratación estatal con esas firmas, tan costosas e inefectivas como la Contraloría.

Y se indignan cuando las cuestionan. Igual que las financieras y tecnológicas, cuando intentamos inquirir sus cajas negras, o los burócratas, quienes distorsionan la ética de las convicciones y la de la responsabilidad (La Política como Vocación, Weber); parafraseando a Voltaire, ahora la palabra político traduce «embaucador».

Concuerdo con Petro y Pacho Santos: eliminen la Contraloría y las Interventorías, pues el eterno amiguismo impuso tanta impunidad como la transitoria JEP. Ofrezcan recompensas al ciudadano o hacker ético que denuncie anomalías verificadas, como parte de un Sistema Integral Anticorrupción, e instituyan una Comisión Internacional Contra la Impunidad. Igual, esas medidas acaso permitirían corregir los desvíos en la ejecución de recursos: no la falta de pertinencia en su destinación original.

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