El boom de precios de los minerales
Los precios del oro, cobre, níquel, plata, platino y rodio han registrado alzas históricas en el último año, catalizadas por tensiones geopolíticas y el reordenamiento del comercio mundial. Conflictos como la guerra en Ucrania, sanciones a Rusia y rivalidades EE.UU.-China han disparado la demanda estratégica. Naciones como Estados Unidos han incrementado reservas de oro físico a más de 8.133 toneladas, restringido exportaciones de metales raros y elevado compras de cobre para infraestructuras críticas. China, por su parte, acapara níquel para baterías de litio. Este “superciclo” posiciona a las potencias en ventaja negociadora, mientras el mundo transita hacia energías limpias.
En el último año, por ejemplo, estos son algunos de los valores en los cuales se han comercializado estos minerales. El oro con un mínimo de US$2.855 y un máximo de US$5.414 por onza troy. La plata tiene un rango entre US$29 y US$117 la onza troy. El cobre con un mínimo de US$9.177 y un precio máximo de US$13.012 por tonelada. El platino con un rango entre US$913 y US$2.776 por onza troy y el rodio con un mínimo de US$4.525 y un máximo de US$10.800 por onza troy hacen parte del boom de precios de minerales.
A excepción del cobre, del cual estamos extrayendo cantidades marginales de proyectos mineros de oro, en los otros minerales Colombia tiene una alta probabilidad de mejorar sus niveles de extracción y aprovechar este boom, que, si bien es normal para los ciclos de los precios de los minerales, no tenemos certeza de cuánto será su duración, pero por el momento estamos en la obligación de generar las condiciones necesarias para incrementar su extracción de manera legal y formal.
Colombia, con una probabilidad alta de recursos geológicos subexplotados, está en una encrucijada. Extraemos volúmenes marginales de cobre y oro informal, pero yacimientos polimetálicos en Chocó (oro-plata), Antioquia, Cauca, Caldas y Risaralda (vetas epitermales), Córdoba y Bolívar (cobre en pórfidos), Boyacá y Santander (rodio asociado), Cesar y La Guajira (depósitos sedimentarios) podrían transformar la ecuación. Según el Servicio Geológico Colombiano, las reservas probadas superan 1.000 toneladas de níquel y 2 millones de onzas de platino. En 2025, exportamos 40 toneladas de oro formal, generando $4 billones en regalías; con exploración intensiva, esto podría cuadruplicarse.
El desafío radica en la confianza inversionista. Regulaciones inciertas, consultas previas prolongadas y estigmas ambientales desalientan a gigantes como Anglo Gold Ashanti, Rio Tinto, Glencore o Vale. Proponemos una hoja de ruta clara: 1) agilizar licencias vía ventanillas digitales únicas (reduciendo plazos de cinco a un año); 2) incentivos fiscales, como deducciones del 50% por exploración verde y exenciones para proyectos ESG; 3) alianzas público-privadas para mapeo geofísico en 10 departamentos prioritarios; 4) programas de formalización con comunidades, capacitando 100.000 mineros artesanales en técnicas sostenibles.
Los beneficios son tangibles: empleo formal en zonas rurales (500.000 puestos directos, según Fedesarrollo), regalías para vías y escuelas, y liderazgo en transición energética -cobre para eólicas offshore, níquel para buses eléctricos en las principales ciudades del país-. Pero urge responsabilidad: minas cero vertimientos, restauración postexplotación y monitoreo con IA para biodiversidad.
Ciclos como el de 2003-2011 duraron una década; este podría acortarse por recesiones. Colombia no puede dilatar: debe legislar ya, con apoyo del Minenergía, la Anm y el legislativo. Transformemos nuestro subsuelo en pilar de soberanía económica. El mundo demanda nuestros minerales; aprovecharlo con visión estratégica es una tarea urgente.