Se vienen los tiempos dorados del carbón
Las tensiones geopolíticas que vivimos en la actualidad están aumentando la demanda de carbón térmico y de carbón metalúrgico para Colombia. Las problemáticas asociadas a Venezuela, en primer lugar, y, en segunda instancia, la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán, así como las restricciones a la comercialización en el estrecho de Ormuz y el impacto de misiles sobre la mayor planta de gas del mundo, convierten al carbón en uno de los energéticos ganadores de este conflicto.
A pesar de contar con una matriz energética muy diversa, el Gobierno nacional decidió marginar la extracción de carbón térmico con el fin de reducir los efectos ambientales que se generan en las plantas térmicas. Sin embargo, desconoce que, ante eventualidades ambientales -como el fenómeno de El Niño o fuertes temporadas de verano- o antrópicas -guerras, pandemias o afectaciones a la infraestructura-, el gran aliado para garantizar la seguridad y confiabilidad del suministro de energía del país es el carbón térmico. Un carbón que, además de haber sido durante mucho tiempo el de mayor peso en las exportaciones mineras y generales del país, es un recurso sumamente valioso, del cual poseemos reservas mineras que permiten aportar al crecimiento y desarrollo de las regiones donde se extrae y del país en su conjunto.
Desconocer la importancia del carbón térmico para la seguridad energética es como desconocer la importancia del agua para la navegación marítima.
¿Pero por qué vienen los tiempos dorados del carbón? La respuesta es sencilla: el mundo, la región y el país están siendo conscientes de que, para crecer como economías, necesitamos consumir cada vez más energía, aprovechando las diferentes fuentes disponibles en nuestro territorio. Energías de origen fósil, energías renovables y energía nuclear son, entre otras, grandes ventajas que podemos tener como país.
El próximo presidente, en el periodo 2026-2030, tendrá que tomar decisiones muy importantes en torno a continuar con un incremento en la extracción y el aprovechamiento del carbón térmico, lo que nos pondría en un escenario de mayor participación en la economía regional latinoamericana y mundial.
Pensar en valores de 90 a 100 millones de toneladas por año no es utópico. En 2016 y 2017 exportamos casi 92 millones de toneladas; es decir, tenemos las capacidades técnicas y humanas para alcanzar la cifra de 100 millones de toneladas, e incluso superarla. Las condiciones geopolíticas se están alineando frente a un incremento de la demanda y, por ende, de los niveles de extracción que podemos ofrecer al mercado internacional del carbón térmico. El resurgimiento de las economías locales, los encadenamientos productivos, las inversiones ambientales y sociales, así como las destinadas al cuidado y la protección del agua, se verán reflejadas en los próximos meses si se toman decisiones informadas frente al carbón térmico.
Por otro lado, según la Asociación Colombiana de Minería, en su informe Minería en cifras 2026, Colombia es el tercer exportador mundial de coque, después de Polonia y China. Se trata de otro escenario favorable para este tipo de carbón metalúrgico, coquizable o industrial, del cual el país debe sentirse orgulloso, pues somos capaces de exportar un recurso energético utilizado principalmente en el sector siderúrgico para la producción de acero. Este no es un dato menor: se relaciona directamente con las decisiones que debemos tomar en materia de aprovechamiento de la riqueza mineral y con la capacidad de transformar esa riqueza en beneficios para todos los colombianos.
Ad portas de la elección presidencial, es fundamental leer, analizar y entender qué presidente será capaz de transformar las riquezas del subsuelo en bienestar para todos.