Decisiones

Guillermo Cáez Gómez

Estamos a tan solo unos días de que se celebren las elecciones a la Presidencia de Colombia y con esta decisión jugarnos el mejor instrumento -el voto- con el que podemos incidir en personal el proceso democrático que definirá el norte del país en los próximos cuatro años.

Las cartas de los candidatos están puestas sobre la mesa y solo nos queda participar para encontrar cuál de los candidatos que están en juego representará mejor los intereses de todos los colombianos. Parto de la buena fe de todos los candidatos en sus propuestas, pero es inadmisible la irresponsabilidad de algunos de ellos en promesas que se quedarán en el papel. Mi voto es por Duque, y no por el que dijo Uribe.

Quienes me conocen, saben mi distancia frente a algunas posiciones del expresidente Uribe, pero tengo la absoluta convicción que Iván Duque ha tenido la suficiente gallardía para marcar sus propias posiciones desde la campaña presidencial y eso, es valorable de un candidato que sabe y tiene claro que la fuerza de su partido se debe en gran parte al caudal político de su fundador.

Es cierto que Iván Duque es un candidato joven. Le apuesto a la juventud y no a la experiencia en el manejo de los juegos y compromisos políticos propios de la maquinaria política, que tienen al país sumidos en muchos “Hidroituagos” y que de a poco van explotando al punto que hundirán al país en aguas podridas de la corrupción.

El programa de gobierno presentado por Duque es de lejos un programa que pensó en una Colombia realista y no idealista, apuesta al futuro del emprendimiento y el crecimiento del tejido empresarial y no el atacar a los procesos productivos para alimentar la pobreza mental y de iniciativa que tiene por característica el latinoamericano y en especial el colombiano.

Mi voto es por Duque no porque nos vayamos a convertir en una Venezuela, por miedo a las Farc o todas las plataformas que usan para generar polarización frente a este candidato. Mi voto es por Duque no mirando por la ventana lateral, sino por el panorámico del futuro y la apuesta a la institucionalidad del país, a recuperar la confianza en lo público y en acabar la innecesaria burocracia.

Mi voto es por la coherencia del discurso. Muchos candidatos han cambiado sus posiciones por causa de las alianzas políticas, mientras tanto Iván Duque ha permanecido impermeable a sus adeptos manteniendo la congruencia entre sus propias convicciones y la conveniencia de las políticas públicas transparentes permeadas únicamente por la apuesta a las industrias creativas como el motor más potente de impulso a la economía de un país.

Sin duda que el programa de gobierno de Iván Duque tiene los fundamentos -a mi juicio- que necesita Colombia. Debemos no solo recuperar la institucionalidad, sino la gobernabilidad perdida en las regiones por causa de la falta de presencia del Estado y el abandono sistemático y acrecentado en los últimos cuatro años, producto de no tener una sola política de largo plazo y el evidente deterioro de la seguridad ciudadana.

Mi voto es por el futuro del país y por el progreso económico de la mano con cerrar la brecha con oportunidades y no quitando a unos para dar a otros, de nada sirve entrar a la Ocde, si quien va a dirigir al país lo va a hacer pensando en intereses particulares y no con visión y agenda de país. Me quedo corto en las razones, pero por estas y muchas otras, le apuesto al país con Duque.

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