Analistas 25/07/2024

¿Nos olvidamos del emprendimiento?

Guillermo Cáez Gómez
Abogado y consultor en riesgos

Veníamos de varios años dándole prioridad en la agenda para apoyar a un ecosistema resiliente y que mueve la economía con mayor intensidad de lo que lo puede hacer otros procesos que requieren mayor desarrollo para su consolidación, pero con la pandemia y los ajustes en la agenda política, pareciera que en el sector privado y público nos hubiéramos olvidado de un sector que requiere mucha atención por su tamaño y porque no, fragilidad. Más allá de cualquier debate político, el emprendimiento representa una fuerza vital respaldada por cifras concretas y un potencial significativo para el crecimiento sostenible.

En primer lugar, las micro, pequeñas y medianas empresas (Mipyme) en Colombia son la columna vertebral de nuestro tejido empresarial. Según datos del Dane, estas empresas constituyen más de 90% del sector formal y generan casi 70% de los empleos en el país. Este sector no solo ofrece oportunidades laborales locales, sino que también impulsa la innovación y fortalece la competitividad nacional.

Además, el emprendimiento colombiano ha demostrado una resiliencia notable frente a los desafíos económicos. Los emprendedores no solo se tratan de adaptarse rápidamente a las condiciones cambiantes, sino que también son capaces de innovar y encontrar soluciones creativas a problemas locales. Esta capacidad no solo fortalece nuestra economía, sino que de alguna manera empezamos a cambiar los referentes para unas generaciones que crecieron y crecen viendo otro tipo de modelos que no vale la pena seguir por su baja carga ética o porque están estructurados en modelos consumistas que no aportan mucho a la sociedad.

A pesar de la realidad económica, es esencial invertir en el futuro de Colombia a través de políticas que apoyen activamente a los emprendedores. Incentivos fiscales, acceso mejorado a financiamiento y programas de formación empresarial que son fundamentales para fomentar la creación y el crecimiento de nuevos negocios. Estas inversiones no solo promueven la generación de empleo, sino como lo he repetido en esta columna, los países crecen al ritmo de sus empresas.

Ya en el terreno de lo demostrativo tenemos muchos ejemplos de que es posible generar empresas desde cero, con innovación y aporte a la economía y no solo colombiana sino regional. En un país en el que está casi todo por hacer y desarrollar, no apoyar decididamente al emprendimiento es como ponerse el palo en la rueda, pues el crecimiento y consolidación de nuevos modelos de negocio requieren que sector público y privado se alinen para trabajar como un solo equipo y para un mismo propósito.

Sectores como el agro, desarrollos de tecnología y el turismo están esperando la respuesta necesaria para enrutarse hacia el crecimiento y generación de valor, que en las condiciones actuales se dificulta por contar con un ecosistema complejo, lleno de muchas barreras que hace que emprender en Colombia sea para verdaderos valientes.

A pesar que en la agenda hay temas que son importantes atender, a veces siento que en Colombia postergamos lo prioritario, por darle la atención a lo urgente y el emprendimiento requiere de condiciones fértiles en las que pueda crecer y aportar valor de forma significativa, pues porque solo podremos garantizar espacios de desarrollo profesional si nacen nuevos modelos de negocio, así que ya es hora de dejar de responder bien las preguntas equivocadas.

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