Como estaba previsto los precios del café descenderían como respuesta a la recuperación de la producción en países competidores, pero además nos toca afrontarla con baja cosecha y la tasa de cambio en el piso. Esta ultima variable es la única que podría mover el gobierno y ha hecho todo para revaluar el peso frente al dólar, perjudicando a los cafeteros en cerca de 20% de su ingreso.
Pero debemos recordar que la caficultura mas que un negocio es una forma de vida que permite afrontar momentos difíciles.
Recordemos que la primera etapa de auge en el siglo XVIII, después que los jesuitas lo propagaron en el XVII, fue en Santander en formato de gran hacienda y campesinos, para posteriormente en 1890 consolidarse en Cundinamarca en un formato de gran hacienda, que luego por problemas laborales y de la aparcería, se fue deteriorando.
Ya en 1900 el auge se consolido en el oriente de Antioquia mas cerca al Magdalena, para posteriormente, convertirse en el uso optimo de las tierras abierta en el siglo XX por la Colonización Antioqueña, en el Suroeste de ese departamento, el Viejo Caldas y el Norte del Valle.
Fue cuando se dio el auge exportador, con la gran hacienda que procesaba el grano y lo vendía en el exterior, con enorme éxito, grandes empresarios que acumularon mucho capital, negociando con las grandes casas norteamericanas que financiaban la operación, hasta 1921 cuando se desplomo el café después de una bonanza de precios y los encontró lleno de inventarios de café caro y se quebraron, dando origen a la fundación de la Federación Nacional de Cafeteros.
En este nuevo esquema los grandes productores subsistieron gracias a la estabilidad que le otorgo al ingreso el Fondo Nacional del Café, como fruto de acuerdos internacionales de precios y procesos de devaluación, cuando el café aportaba 70% de las divisas. El precio interno era político y los campesinos vivían felices con el liderazgo de los grandes productores que controlaban políticamente la federación y luchaban siempre por aumentarlo.
Pero todo el esquema duro hasta 1989 cuando se rompió el pacto del café y los ahorros del fondo aguantaron hasta 2001, cuando el cafetero quedo expuesto cada día al cierre de la bolsa, sintiendo directamente la formación de precios por oferta y demanda.
En estos 25 años el precio ha sido de equilibrio con unos pocos años de buen precio, excepción de este último quinquenio de muy buen ingreso. En este escenario se erradicaron cerca de 200.000 hectáreas principalmente de grandes haciendas y de pisos térmicos bajos, susceptibles a la broca.
Pero tal cual como lo señala la teoría económica en mercados competidos el precio tiende a acercarse al costo marginal, que es el costo variable. Por esa razón el café se desplazo al sur, donde encontró tierra barata, -optima-, mucha mano de obra rural -campesinos-, dispuestos a cultivar y encontrar en el café una fuente de bienestar, mientras la región que tuvo el auge en el siglo XX entro en crisis, y gracias al progreso, la mano de obra se capacito un poco y migro hacia las ciudades.
Por lo tanto, en esta nueva crisis debemos entender que el problema a afrontar no es de rentabilidad del, es de supervivencia de la familia cafetera, que ha demostrado a través de la historia, que es una cultura, capital social del campo, con capacidad de aguantar el ciclo bajo, pero que necesita el apoyo del gremio con programas sociales que le ayuden a pasar el ciclo.