Analistas 11/06/2019

El café se traslada

Guillermo Trujillo Estrada
Analista cafetero

“La llegada del café mostró las limitaciones de la gran propiedad: sin mano de obra suficiente y en medio de conflictos con sus trabajadores, las grandes explotaciones de Cundinamarca y Santander terminaron enfrentadas a dificultades severas y la expansión del cultivo, después de 1890, se dio ante todo en áreas de propietarios pequeños y medios”. Esto nos narra Jorge Orlando Melo, en su libro ‘Historia mínima de Colombia’.

Absurda propuesta de senadores del Centro Democrático pidiendo al Gobierno “ordenamiento de la frontera cafetera del país y destinación productiva del suelo”. Pretenden impedir que el cultivo se desplace y expanda libremente donde existan suelos óptimos y disponibilidad de mano de obra, como sucedió hace un siglo, generando progreso para Antioquia, el Viejo Caldas y el Valle. La misma propuesta estuvo liderada por Caldas al cierre de la década de los 90 del siglo XX, con resultados infructuosos para frenar el crecimiento del cultivo en el sur del país, que los desplazaría en producción y poder.

El papel del café en la economía era muy grande y por lo tanto, el de la Federación de Cafeteros; incluso hay quienes sostienen que cuando el Viejo Caldas representó cerca de 40% de la producción de café, quienes apoyaron la ley para dividirlo en tres departamentos, fueron los congresistas de Antioquia y Valle, que de esta manera tomaban el control de la Federación, no obstante, existían muchas más razones para apoyar la división.

Hace más de un siglo se convirtió en un negocio de pequeños productores, sin embargo, después de creados la Federación y el Fondo Nacional del Café, -como un fondo de estabilización- el precio interno se convirtió en un precio político, que generaba una rentabilidad suficiente para acumular capital, comprar al vecino y conformar grandes propiedades. Cuando se rompió el pacto y principalmente, cuando el precio empezó a ser el resultado de la oferta y la demanda; los grandes productores iniciaron su desaparición dando paso nuevamente a la economía campesina, que hoy soporta un país cafetero con 14 millones de sacos.

En los últimos 20 años el Eje Sur, conformado por Huila, Cauca y Nariño, incrementó el área en un 75 %, mientras el Eje Cafetero la disminuyo el 45 %. Actualmente el Huila tiene más área en café que Caldas, Quindío y Risaralda sumados, algo que nadie se podría imaginar. Solo los municipios de Pitalito y La Plata registran más hectáreas que todo el Quindío. Otro ejemplo: el municipio de Planadas en Tolima, cuenta con más hectáreas, que lo que suman Manizales, Chinchiná y Palestina en Caldas. El Eje Sur, incluyendo el Tolima, constituye el 50 % del área cafetera nacional.

Estos datos nos ayudan a comprender la contundente realidad del traslado de la caficultura del eje cafetero y el Valle, encontrando tierra óptima y barata, en manos de pequeños propietarios, ratificando que es la segunda vez en la historia que se presenta un fenómeno igual, en búsqueda de la prosperidad y el bienestar que genera el café.

Sorprende no registrar pronunciamientos señalando a la bolsa, a los especuladores y a los tostadores como responsables del aumento del precio interno cerca de 30 %, fruto del libre juego del mercado del café y del dólar.

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