Analistas 14/04/2026

Elecciones cafeteras

Guillermo Trujillo Estrada
Analista cafetero

El Comité Directivo reglamentó mediante resolución el proceso de elecciones cafeteras para septiembre. Es uno de los actos de mayor importancia del gremio: renueva la legitimidad que le permite ser la única institución con capacidad para firmar el contrato de administración del Fondo Nacional del Café. Para ello, la ley y la jurisprudencia exigen la elección democrática de sus órganos de dirección. Por eso es fundamental la amplia participación y la transparencia del proceso.

Sin ser perfecto, es el proceso de mayor cobertura nacional y participación de un gremio agrícola en Colombia.

Lo primero que destaco es el restablecimiento del voto electrónico. En 2006 hicimos la primera incursión con cerca de 70.000 inscritos por sistema SMS. Fue una experiencia que nos convirtió en ejemplo de ejecución. Pero me correspondió, como responsable de las elecciones, afrontar las críticas de dirigentes que atribuyeron sus derrotas a la tecnología. La verdad es otra: el cafetero pudo votar libremente, sin coacción, y los líderes perdieron el control del electorado.

El representante de Caldas lideró esa crítica y logró suspender el voto electrónico por veinte años. Por eso sorprende que hoy el comité del que forma parte apruebe su reincorporación al proceso electoral.

La gran paradoja del gremio cafetero es que los pequeños caficultores adoptan más rápido las nuevas tecnologías, mientras que los grandes se oponen. Así ocurrió con la introducción de nuevas variedades, con la Cédula Cafetera Inteligente y con las elecciones electrónicas.

Volviendo a las elecciones: no existen controles suficientes para impedir que el ejército de extensionistas agrícolas intervenga en el proceso, induciendo a los campesinos a votar por la reelección de sus jefes. El voto electrónico se introdujo en 2006 precisamente para contener ese fenómeno, y esa fue la razón de la reacción de los dirigentes enquistados en la organización.

Lo que no resulta procedente es autorizar la reorganización de circunscripciones electorales en vísperas de unas elecciones. Quienes deciden son los que tienen el poder, y lo hacen a su conveniencia. En Caldas, por ejemplo, 17,5% de los cafeteros del centro controla 50% del Comité departamental, tres renglones de seis. Este desequilibrio se repite en muchos departamentos. Debe existir una norma objetiva que divida por seis, aproximando el número por vecindad, sin que los directivos beneficiados puedan incidir en la decisión.

No me canso de insistir en que un paso pendiente fundamental es elegir por voto directo al delegado de cada departamento al comité directivo No tiene razón de ser que los líderes de cada municipio y departamento se tengan que esforzar y trabajar mucho para que los elijan, someterse al juicio de los campesinos electores, para finalmente endosar el poder que les otorgan nombrando a un delegado de su departamento que no tiene hacer ningún esfuerzo, ni rendir cuentas a nadie, pero si lo embisten de toda la autoridad para tomar las decisiones fundamentales.

A pesar de la amenaza que pesa sobre el contrato de administración, que debe renovarse en junio, estos cuatro años no se usaron para hacer los ajustes que profundicen la democracia cafetera y demostrarle al gobierno, voluntad de cambio y modernización.

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